viernes, 30 de abril de 2010

Dos dedos de desquicio


En un deporte tan poco dado a la excentricidad de sus protagonistas como el ciclismo, que un corredor celebre su victoria con un corte de mangas y un 'fingers up' (levantar dos dedos de la mano con la palma orientada hacia la cara, signo equivalente en Gran Bretaña a la peineta española) resulta chocante y, sobre todo, polémico. Este gesto, la imagen de la semana del ciclismo mundial, lo realizó Mark Cavendish ayer tras imponerse en la segunda etapa del Tour de Romandía. Y viene a ser la penúltima de las salidas de tono que el corredor de Columbia lleva protagonizando toda la temporada.

No es fácil ser Mark Cavendish (1985, Isla de Man). El británico, conocido como Manx Express, irrumpió fulgurantemente en el primer plano del deporte de la bicicleta con cuatro etapas en el Tour de Francia de 2008, con 23 añitos recién cumplidos. No llegó de sopetón a la élite: antes fue un destacado 'pistard' y pasó dos campañas fogueándose en el calendario semiprofesional alemán. Incluso fue expuesto a presión un año antes del Tour de su explosión, precisamente en la misma Grande Boucle. La ronda francesa salía desde Londres, capital británica, y T-Mobile llevó a Cavendish como reclamo mediático y teórico aspirante a la victoria en el prólogo. El fracaso, con un 69º puesto, fue asumido con resignación.

Cavendish, sin embargo, no es un ciclista acostumbrado a fallar. Acostumbra a marcarse objetivos y conseguirlos sin despeinarse. Favorecen esto unas condiciones físicas magníficas e inusuales: tren superior potente, piernas cortas pero enormes, impresionantes en directo, capaces de alcanzar velocidades punta epatantes en muy poco tiempo. A pesar de su corpulencia, su baja estatura le da margen de progresión para superar pequeñas subidas a poco que se lo proponga; ya lo hizo de cara a la Milán - San Remo y el Tour de Francia de 2009, y en ambas citas cumplió sus expectativas con una serie de victorias inapelables frente a lo más granado del pelotón mundial.

Este año, sin embargo, todo ha sido distinto para Cavendish. Su sonrisa destilaba un poso de amargura, no era feliz y se notaba en todos los aspectos. Se presentó a sus primeras citas de la temporada fofo, bajo de forma; en casi todas las pruebas llegaba descolgado, dando un rendimiento indigno para quien se supone uno de los paladines del ciclismo mundial y líder del equipo que lleva tiempo erigido como gran dominador de las llegadas masivas. Mark se excusaba en una infección dental, solventada a medias en Paraguay, patria de su actual pareja sentimental.

El mundillo ciclista, sin embargo, no se conformaba con estas explicaciones. Debía haber explicaciones más allá, y el propio Cav acabó dándolas en una entrevista al ahora tabloide Sunday Times. Aparte de la inexcusable presión deportiva, Manx Express explicaba que la ruptura con su anterior prometida, el encarcelamiento de su hermano por tráfico de drogas y el grave accidente de Jonathan Bellis (Saxo Bank), uno de sus mejores amigos en el pelotón, resultaban un cóctel difícil de digerir para su mente. Y que, en consecuencia, su preparación para la temporada ciclista no había sido la mejor posible. No sabía cómo decirlo, cómo explicar al público que si se arrastraba por las carreteras era porque su mente le arrojaba al suelo.

A todos estos factores se sumó, quizá como uno más o como una consecuencia de ellos, su pique con André Greipel. El poderoso velocista alemán, compañero de equipo y gregario en otros tiempos, ha confirmado durante las dos campañas precedentes un nivel altísimo, casi el mismo que el propio Cavendish. El mánager de Columbia, Rolf Aldag, apostó a principios de temporada por dar a ambos gigantes de la velocidad calendarios separados donde ambos aprovecharan al máximo sus cualidades sin solaparse mutuamente; la misma fórmula que en años anteriores. Pero esta vez no funcionó.

Fue Greipel quien tiró la primera piedra tras Milán - San Remo. La cita, uno de los Monumentos del ciclismo, correspondía a Cavendish por su mayor caché. El mediocre rendimiento del británico en comparación con un Greipel que ya contaba con seis victorias en su palmarés en aquellas alturas de la temporada, sugería el desastre a priori. La carretera confirmó las sensaciones: el resultado fue desastroso. Totalmente fuera de forma, Cavendish se descolgó por primera vez a media carrera y acabó por ceder a casi cuarenta kilómetros de meta. Esto desató el malestar del Greipel, quien no dudó en afirmar que sus actuaciones habían sido buenas y merecía haber estado en la salida del Monumento italiano. Describió el quedarse fuera del 'ocho' de Columbia para la prueba como "un bofetón en la cara".

Un Cavendish totalmente fuera de sí mismo no se cortó a la hora de realizar unas contradeclaraciones a The Guardian que luego achacó a los antibióticos que le hacían tomar para sus problemas dentales. "Yo en mala forma soy mejor que Greipel. Lo que el diga no me importa, soy mejor corredor". Y aún añadió una puya para escenificar la ruptura: "no hay ninguna opción de que venga a una carrera donde yo participe". La guerra ha continuado después, y parece destinada a saldarse con la salida de uno de los dos esprinters del equipo Columbia. Greipel acaba contrato este año y se le ha relacionado insistentemente con Omega Pharma - Lotto; Cavendish, por su parte, no cesa de escuchar cantos sirena desde Sky, dirigido por su mentor Dave Brailsford.

Ayer era difícil saber a quién dirigía el británico sus gestos obscenos. Las primeras interpretaciones señalaban a Greipel, que acababa de realizar otras polémicas declaraciones a Sport-Bild. Pero Manx Express se encargó de desmentirlo rápidamente, faltando de paso el respeto a otros componentes del mundillo ciclista: "se lo dedico a los periodistas que me daban por acabado y no entienden un pijo de ciclismo". La interpretación, sin embargo, va un poco más lejos. Mark Cavendish ayer le decía a todas sus frustraciones que ya las había olvidado, que volvía a estar en el primer nivel. Y que nos preparamos para volver a contemplar a un superclase de la velocidad en acción.

jueves, 29 de abril de 2010

Vinokourov contra la memoria del ciclismo

El pasado domingo, Alexandre Vinokourov dejó atrás a Alexandr Kolobnev en los últimos compases de la Cöté d'Ans para imponerse por segunda vez en la Lieja-Bastogne-Lieja. El kazajo entró en meta extendiendo los brazos, lanzando besos, aplaudiendo, loco de alegría por volver al primer plano del ciclismo. Su gesto de torció cuando subió al podio, recogió su trofeo... y el público le abucheó.


El ciclismo es un deporte de memoria y sentimientos. Los resultados permanecen en los papeles, pero el recuerdo de los aficionados se compone de sensaciones y no de números. La victoria de Vinokourov fue recibida por los belgas presentes en la meta de Ans como una ofensa después de que el kazajo protagonizara en 2007 uno de los positivos más sonados de la historia. Un positivo especialmente sangrante por cómo intento tomar el pelo al mundo del ciclismo antes, durante y después de que un control antidopaje delatara que había recurrido a una transfusión homóloga (de sangre ajena) para aumentar su rendimiento.

Alexandre Vinokourov (1973, Petropavlosk) no fue nunca un ángel. Al contrario, siempre resultó un ciclista controvertido, de gran calidad y mayor víscera. Ello le convertía en un corredor combativo en carrera, agradable para el aficionado pero incómodo para los compañeros, que veían como el insaciable kazajo no hacía más que reclamar más trozo del pastel competitivo, más presencia en carrera. Llegó a reclamar el liderazgo del Telekom en pleno esplendor de Jan Ullrich y a atacar a por la victoria (con éxito) en la llegada a los Campos Elíseos del Tour de Francia de 2005, en un coto habitualmente vedado para caza de los esprinters donde sus ganas de lucha le llevaron a triunfar.

Era un corredor polivalente, querido y amado, hasta que los delirios de grandeza comenzaron a pesar demasiado en su cabeza. Su inmenso poder fáctico en Kazajastán, procedente de su condición de deportista insignia del país y su amistad con los más altos mandatarios, hizo posible que las principales empresas del país le proporcionaran dinero para financiar la estructura de Manolo Sáiz en cuyas filas formaba (aquel Liberty Seguros defenestrado por la OP) y luego una escuadra propia, el Astaná con que tomó parte en el Tour de Francia 2007. En él, Vinokourov contaba con sus habituales cualidades y el respaldo de una pléyade de gregarios excepcionales como su compatriota Andrei Kasheckin, Andreas Klöden o Paolo Savoldelli. El objetivo no era otro que el maillot amarillo.

No aprovechó Vinokourov la oportunidad de ganar en buena lid. Fue perdiendo tiempo en todas las etapas decisivas hasta quedar a casi ocho minutos del líder Rasmussen antes de la importante crono de Albi, en la segunda semana de la carrera. En ella, el kazajo perpetró su primera exhibición, distanciando al siguiente (un consumado especialista como Cadel Evans) en más de un minuto. La segunda, más estratosférica si cabe, la realizó camino de Loudenville, en la mítica etapa en la cual Alberto Contador y Michael Rasmussen libraron un espectacular mano a mano en el Col de Peyresourde. Vino aventajó en un minuto al segundo en la línea de meta después de pasar todo el día fugado. Y de haber perdido media hora el día anterior en Plateau de Beille.

Las sospechas suscitadas por estas prestaciones se confirmaron al día siguiente, mientras el corredor declaraba gozoso en L'Équipe que su presencia inspiraba "respeto en el pelotón". El 24 de Julio, día de descanso, salía a la luz su positivo en la crono de Albi. Transfusión homóloga, un término con el cual los aficionados al ciclismo se familiarizaron dolorosamente durante un tiempo. Todo el Astaná tuvo que abandonar la carrera, con gesto compungido y en furgonetas; parecían más presos que ciclistas. Vinokourov, por su parte, montó su teatro y echó la culpa del positivo a las alteraciones que le pudo haber generado una caída en la quinta etapa.

Los actos que vinieron después continuaron el esperpento. Vinokourov anunció su retirada y se parapetó tras la Federación Kazaja de Ciclismo para recibir un único año de sanción y no pagar su sueldo de 2007 como multa tal y como contemplaba el Código Ético que tuvo que firmar aquella campaña para participar en las carreras ProTour. La UCI, errática, no consiguió hacer pagar a Vino, pero sí extender su sanción hasta los dos años que la normativa vigente impone como máxima para los culpables de dopaje. Ello no impidió que la sombra del kazajo permaneciera presente en el ciclismo mundial a través de declaraciones periódicas y de su imprescindible intermediación para la supervivencia del equipo Astaná.

Ahora, después de un exitoso ensayo a finales de 2009, Vinokourov ha vuelto al primer plano del ciclismo mundial. Pero lo hizo entre abucheos. La memoria de los aficionados tocó los sentimientos del kazajo, que al día siguiente mandó una carta abierta a los medios de comunicación donde afirmó no querer "ser el único y muy fácil objetivo de todos los males del ciclismo". El escepticismo volvió a reinar en los aficionados más suspicaces, que habían visto con indignación no sólo la victoria de Vinokourov, sino la compañía que tuvo en el podio de un Alejandro Valverde que sigue corriendo aun con la espada de Damocles de la sanción provocada por el CONI pendiente sobre su cabeza.

Es difícil determinar si los aficionados tienen o no razón afeando al corredor kazajo. Más allá de las filias y fobias que despierte el personaje, Vinokourov ha purgado sus penas pasando dos años sin competir. Es cierto que no cumplió la sanción completa al no ingresar su año de sueldo en las arcas de la UCI; pero sí el grueso de la misma. En teoría, tiene derecho a participar en todas las carreras que desee, derecho a ganarlas, a retirarse o a llegar fuera de control. Sin embargo el aficionado, el auténtico termómetro del ciclismo mundial a través de sus memorias y sensaciones, ha juzgado que no es digno de ello por toda la controversia que su caso, que junto al 'affaire' Rasmussen estuvo a punto de tumbar la carrera más grande del mundo, despertó. Aunque no tiene por qué tener razón, habrá que escuchar al público. Y Vinokourov, por su bien, deberá convencerlo.

miércoles, 28 de abril de 2010

Peter Sagan: un proyecto de ciclista total

"Esto es un ciclista", dijo el CEO de Cannondale Rory Masini en su blog el día que consiguió la victoria en la tercera etapa de París-Niza. La gran sensación del panorama ciclista mundial es eslovaco, corre en Liquigas y se llama Peter Sagan.

Sumando el primer parcial del Tour de Romandía obtenido hoy a las dos etapas de París - Niza que se llevó en el mes de marzo, son tres las victorias que Peter Sagan (1990, Zilina) luce en su palmarés en su año de neoprofesional. Los tres triunfos los ha conseguido el eslovaco en el más alto escalón, en el calendario ProTour e Histórico que configuran el primer nivel del deporte de la bicicleta. Prácticamente sólo ha corrido pruebas de este nivel (apenas cuatro días de competición en el Europe Tour), indicador de la tremenda confianza que tienen depositado en él los gestores del equipo Liquigas y, sobre todo, de su irresistible calidad.

Lo que más llaman la atención en la temporada de Sagan, sin embargo, no son tanto los resultados como el desempeño. Fuera de la bicicleta es callado y educado, apenas hay entrevistas con él porque no maneja con soltura en inglés. Sobre ella sucede al revés: es polivalente y descarado. En su primer día de competición entró en la fuga del día junto a dos hombres con Tours de Francia en el palmarés como Lance Armstrong y Óscar Pereiro, luciéndose en el llano. En la segunda etapa que se llevó de París - Niza ganó demarrando en un repecho, derrotando en su terreno a superclases como Alberto Contador o Alejandro Valverde. Ayer fue segundo en la crono que hizo de prólogo en el Tour de Romandía, por delante de reconocidos contrarrelojistas como Michael Rogers o su coequipier Roman Kreuziger. Hoy, en la primera etapa de la ronda suiza, ha ganado un esprint masivo con una 'volata' potente, 200 metros cara al aire para superar a velocistas como Francesco Gavazzi o Robert Hunter.

No hay terreno que se le resista. Peter Sagan incluso se atrevió a probar en París - Roubaix, donde no fue capaz de concluir. "Aún no sé lo que soy", reconocía con sencillez aquellos días. Había que probar: ya había sido segundo en la versión junior del 'Infierno del Norte', sólo superado por el inglés Andrew Fenn, en el mismo 2008 en que se coronó campeón del mundo de mountain-bike. Y es que esa es otra de las condiciones que hacen hablar de Sagan como ciclista total: ha ganado un Mundial de Mountain Bike junior y sido segundo en el de ciclocross sub 23, amén de sus exitosas incursiones en carretera animado por su hermano Juraj, al cual incorporará consigo a Liquigas la próxima campaña.

No es sencillo recordar una irrupción más fulgurante en el ciclismo de primer nivel; quizá Vanderbroucke se acerque un poco a sus prestaciones, pero no a sus resultados. La pregunta ahora es hasta dónde llegará el fenómeno Sagan. Con contrato firmado hasta 2012 con Liquigas, posiblemente el bloque más potente del ProTour, e infinitas posibilidades físicas, cabe preguntarse (como con Boasson Hagen) hacia dónde se autolimitará Sagan en este ciclismo moderno donde la especialización es una condición sinecuánime para ser un campeón. Tal vez hace treinta años un talento como el de Sagan pudiera haber marcado historia a la altura del 'Caníbal' Eddy Merckx como ciclista total capaz de batirse con los mejores en terrenos tan dispares como Milán - San Remo, París - Roubaix o el Tour de Francia. O tal vez sus magníficas condiciones le permitan incluso hacerlo en la actualidad...

lunes, 26 de abril de 2010

Caja Rural, un soplo de aire fresco

Dentro del asfixiante panorama del ciclismo español cada soplo de aire fresco se celebra con alegría. Sucedió a finales de marzo, cuando la estructura Murcia (de categoría profesional el año pasado) consiguió salir a las carreteras una campaña más gracias a una fusión con el continental griego Heraklion, con unos medios modestos pero suficientes. Es el noveno equipo profesional de filiación española presente en el pelotón mundial, el segundo de nuevo cuño. El primero es un conjunto que marca un hito dentro de un proyecto al que se queda corto tildar de "a largo plazo": Caja Rural.



El porqué se queda corto este apelativo salta a la vista cuando repasamos los diecisiete años que esta estructura navarra lleva en el campo aficionado. Con el apoyo de este patrocinador histórico, que ya diera nombre a un conjunto de primer nivel dirigido por Txomin Perurena que contó con Marino Lejarreta y Mathieu Hermans en 1988 y 1989, el Club Ciclista Burunda sacó a las carreteras un equipo amateur de alto calado, siempre con la vista puesta en el salto a cotas superiores. "La idea de hacernos 'pros' viene de lejos", reconoce Eugenio Goikoetxea, director deportivo y artífice junto a Iñaki Juanikorena de esta aventura, "pero gracias a los espónsor hemos podido llevarla a cabo en pocos meses. Empezamos a movernos seriamente en verano".

El tener equipo continental no lleva aparejada la desaparición de la escuadra aficionada ("para conservarla hemos comprado una infraestructura nueva: dos autobuses, varios coches nuevos de Skoda...") ni su debilitamiento. Tampoco significa, sin embargo, que el Caja Rural aficionado sea el único conjunto amateur del cual se vaya a surtir el continental, desobedeciendo la política de filiales y 'equipos convenidos' que tanto daño hace en el panorama elite y sub23 español. Y éste tampoco será un polo de atracción para acumular grandes talentos a base de promesas: "ninguno de los ciclistas que hemos incorporado este año al amateur ha venido con compromiso de pasar el próximo a continental". Se dijo que con Ryabkin era así, "pero en realidad queríamos tenerlo y no pudimos darle cabida en el continental por tema de cupos de extracomunitarios".

Hacía varios años que la subida de Caja Rural a continental pululaba por lo mentideros ciclistas. Siempre asociada a Caisse d'Épargne que, se rumoreaba, ayudaría al conjunto navarro a cambio de que fuera un coto privado para 'cazar' talentos. Sin embargo, este extremo no es del todo real. "Somos un equipo puente, filial de todos y filial de nadie". La intención es que cualquier escuadra de mayor nivel se fije en los ciclistas que visten este año el maillot verde para reforzarse; "ojalá la temporada que viene no quede ninguno de los de 2010 con nosotros". Si es cierto, sin embargo, que el equipo de Echavarrí y Unzué ha recomendado ciclistas para que Caja Rural los incorpore; alguno llegó, otros no. El caso paradigmático es el de Michal Kwiatowski, que debuta como profesional en Caja Rural esta campaña y tiene firmado contrato para 2011 y 2012 con Caisse. "Será muy bueno dentro de dos o tres años", comenta Goikoetxea. Por lo pronto, el polaco ha mostrado combatividad en casi todas las pruebas en las que ha tomado parte.

Kwiatowski no es el único puntal de los verdes. La plantilla está compuesta de quince corredores, nueve de ellos menores de 25 años y diez neoprofesionales, algunos del talento de Egoitz García o David De la Cruz. O el uruguayo Fabricio Ferrari, que pasa pros un poco tarde pero ha mostrado su calidad desde el primer momento con actuaciones como la del GP Llodio (4º). "Cuando coja experiencia nos dará más de una alegría", vaticina su director. Desde el pelotón portugués llegaron el ex Cartaxo Aketza Peña ("aporta veteranía") y el ex Liberty Vitor Rodrigues ("es muy conocido en Portugal y muy buen escalador"). También firmaron, provenientes de Murcia - AMPO, Rubén Reig y Oleg Chuzda. Y la joya de la corona de Caja Rural, José Herrada.

El de Mota de Cuervo es, sin duda, el líder de los verdes. "También están Aketza y Rodrigues para las generales", puntualiza Goikoetxea. "Pero es muy bueno. Ya ha estado en varios equipos superiores, pero incomprensiblemente no se han fijado en él. Se le ve con ilusión y va a disputar el mejor calendario posible". Y repite un deseo en voz alta: "ojalá el año que viene esté en un Caisse d'Épargne o similar...". Lo cierto es que Herrada se ha erigido en el ciclista más destacado del conjunto navarro, mostrando su talento para la escalada y combatividad en cada ocasión propicia. Alguna vez, incluso, se ha visto a Caja Rural controlando el pelotón en su favor, para ser tercero en el Tour de Normandía ó décimo en la Klásika Primavera.

Herrada es autor de parte de las actuaciones que hace a Goikoetxea hablar de un balance "positivo. Hemos dado la cara a través de escapadas y en el pelotón, hemos batallado por doquier, sólo nos falta rematar y conseguir una victoria". Hasta ahora han tomado parte en todas las carreras españolas excepto la Challenge de Mallorca y la Clásica de Almería y en varias carreras francesas gracias a la mediación de la empresa de management Velofutur. Las perspectivas incluyen, amén del calendario español (lo correrán completo, excepto las pruebas citadas antes y la Vuelta a Burgos) más carreras francesas y la posibilidad de participar en la Vuelta a Portugal gracias a la presencia de Vitor Rodrígues ("tenerlo en plantilla nos abrirá puertas", insinúa).

Pero antes el reto estará en la semana asturiana, que comienza mañana con la Subida al Naranco y continuará hasta el domingo con la Vuelta a Asturias. Una buena oportunidad para comprobar cómo evolucionan las cosas en Caja Rural, un auténtico soplo de aire fresco para el pelotón español.

Foto: Francis Ruiz

miércoles, 21 de abril de 2010

¿Por qué Evans no levanta los brazos cuando gana?

Cuando una persona tiene miedo a algo, normalmente no es capaz de dominarlo. Suele ser al revés. Es el miedo quien domina a quien lo sufre, conduciéndole a actuar como no desearía. La única manera que tiene la persona de superar ese terror que le atenaza es afrontarlo, encararlo y demostrarse a sí mismo que no tiene por qué depender a él.

Cadel Evans ha padecido miedo a perder desde su paso por el traumático T-Mobile de 2004, aquel que teniendo en plantilla a Botero, Ullrich, Klöden, Vinokourov, Savoldelli y él mismo se vio afectado por una plaga de lesiones increíble. Ese equipo no sólo fue el de los contratiempos físicos, sino también el de los complejos. Aún con las magníficas balas de que disponía en la recámara, el conjunto rosa fue incapaz de inquietar a Lance Armstrong en su camino hacia el sexto Tour consecutivo. De inicio no pudo contar con tres de sus puntales por las lesiones; su líder, Jan Ullrich, estaba acomplejado después de su derrota ante el superclase tejano en la Grande Boucle del año anterior; el segundo espada, Andreas Klöden, tenía complejo de eterna promesa; un baluarte sólido como Botero tenía complejo de inferioridad por sentirse cola de león entre tanta estrella; incluso el hasta entonces infalible Erik Zabel se veía superado por otros esprinters como McEwen ó Boonen.

T-Mobile era un equipo repleto de traumas, todos distintos y repartidos entre los distintos componentes del equipo. A Cadel Evans le tocó el miedo a perder, el miedo al ridículo en los escenarios grandes. Miedo a no dar la talla en las citas importantes, en mostrarse demasiado ansioso y caer por sus propios errores. Su estrategia para evitar todo esto fue la inacción, la mejor manera de no cometer ningún error ni ningún acierto. Siempre que pudo, Evans se mantuvo a rueda, sin intentar ofensivas que no pidiera estrictamente el guión de la carrera y consiguiendo sus victorias de relieve en las contrarrelojes, donde no le quedaba más remedio que salir de su parapeto y enfrentarse al resto de competidores uno contra uno.

La temporada pasada, después de casi tres años de rondar victorias de cierto calado sin conseguir ninguna, algo hizo 'clic' en el ciclista australiano. Hasta 2009, su escasa combatividad había pasado casi inadvertida en el marco de la era de ciclismo sin carisma que ahora toca a su fin y entonces acababa de rebasar su apogeo. Pero una serie de actuaciones que rozaron lo patético le convirtieron en objeto de cierto escarnio dentro de un sector del ambiente ciclista. Un Dauphiné donde se dejó arrebatar la victoria a manos de Valverde, un Tour decepcionante; hasta llegar a la Vuelta, donde no consiguió ventaja cuando pudo y un pinchazo en Sierra Nevada dio al traste con sus aspiraciones de ganar sin levantarse del sillín.

Aquel día, en la montaña granadina, a Evans le cambiaron los esquemas. Era necesario ser más valiente, como lo había sido en los días desesperados de Julio donde intentó compensar su mala actuación con fugas de salida. Si con su actitud pasiva era bueno, con una actitud más atrevida podría ser grande. El día que Evans constató esto en los Campeonatos del Mundo. Allí, en Mendrisio, saltó a un movimiento de 'Purito' Rodríguez y Kolobnev y después realizó un ataque sagaz, a contrapié para sus rivales, en un falso llano. Ninguno de sus rivales fue capaz de seguirle, y el ciclista australiano pudo entrar en meta relajado, celebrando y sin levantar los brazos...

Ése es el único tic que le queda a Cadel Evans de su trauma adquirido en T-Mobile. Por alguna razón, entra en meta sin levantar los brazos, en un gesto que puede llegar a ser tan característico como el 'pistolero' de Contador, el botellín de Purito o las fanfarronadas de Cavendish. No se deja llevar por el júbilo, ya sea en el incomparable marco de Mendrisio o en un apretado esprint de la Semana Coppi-Bartali; no se yergue sobre la bicicleta. Hay que retrotraerse a la etapa de la Semana Internacional que se llevó en 2008 para verle alzarse en meta. Tal vez tiene miedo de pecar de confiado y que alguien le supere en el último golpe de riñón, de que le suceda lo mismo que a su entonces compañero Zabel con Freire en la Milán - San Remo de 2004...

La evolución de Evans, de un año a otro, queda patente si comparamos las Flecha Valona de 2009 y 2010. La campaña pasada, su impericia para los cambios de ritmo le hacía convertir cada ataque en un acto desesperado que precedía a la derrota más frustrante; hoy, el australiano se ha manejado sin ansiedad, aguantado el ritmo de Contador e Igor Antón (cuyos respectivos 'rushes' finales fueron excelentes e insuficientes, en sintonía con el trabajo de sus equipos) para después remachar cuando era necesario.

El día de hoy parece haber sido la confirmación de un necesario cambio de tendencia para el australiano. Aún es preceptivo esperar un par de grandes citas más para dilucidar si definitivamente el actual portador del maillot arcoiris se ha convertido en el campeón que su talento prometía y su actitud negaba. Por lo pronto, parece que lo ha conseguido; ahora, con el peso de un equipo hecho a su medida -BMC- sobre las espaldas, Cadel Evans ha dado el último paso hacia su madurez como ciclista. Ha perdido el miedo a perder.

sábado, 17 de abril de 2010

De proezas y resurrecciones en el Morredero


El miércoles inició en Belorado la Vuelta a Castilla y León, una de las pocas carreras de cinco días disputadas en territorio español cuya progresión es positiva. Los organizadores de Cadalsa consiguen atraer desde hace varias temporadas a las mayores figuras del pelotón mundial; este año no ha sido una excepción, a pesar del cambio de fechas, y en la línea de salida estaba el mejor vueltómano del mundo, Alberto Contador. Una auténtica proeza para José Luis López Cerrón y los suyos.

Las dos primeras jornadas de la ronda castellano-leonesa, bastante disputadas, depararon sendas victorias para un Theo Bos (Cervélo) cada vez más consolidado en el ciclismo de carretera tras dejar a un lado la pista. La tercera era la llegada al Morredero, terreno abonado para el lucimiento de Contador, más aún habida cuenta de que el paso por el temible Alto de Foncebadón seleccionaría la carrera. Pero la cima leonesa no vio un triunfo del madrileño. Al contrario, el doble ganador del Tour hubo de hincar la rodilla ante el ímpetu de tres rivales de categoría que decidieron aplastarle dejándole el peso de la carrera a la par que le atacaban a cada instante.

El premio gordo de la ruleta de ataques se lo llevó Igor Antón, escalador de Euskaltel, que consiguió la victoria. Tras un par de años de maduración, el de Galdákano ha conseguido desarrollar la solidez necesaria para estar en la lucha por la victoria varias jornadas seguidas, la cualidad que se le echaba en falta para cruzar la línea que separa a los buenos ciclistas de los mejores. Antón supo aprovechar las circunstancias, el movimiento del siempre combativo Ezequiel Mosquera, para llevar agua a su molino y entrar en el exclusivo club de corredores que han derrotado a Alberto Contador en un final en alto e igualdad de condiciones. En las dos últimas campañas sólo han sido capaces de hacerlo Toni Colom (luego fue sancionado), Juan José Cobo, Alejandro Valverde en dos ocasiones y Piérrick Fédrigo. Premio para la proeza de un Antón que con esta victoria confirma además la buena racha de Euskaltel - Euskadi, necesitado de triunfos para convencer a sus espónsor de renovar sus patrocinios, que expiran este invierno.

Junto a Antón y Mosquera, el tercer elemento que ha puesto de su parte para hacer sucumbir a Alberto Contador ha sido el colombiano Juan Mauricio Soler. Tras dos años ciertamente desalentadores, grises, vistiendo la 'maglia' del Barloworld, el ganador del trofeo al mejor escalador del Tour de 2007 parece haber reencontrado su mejor golpe de pedal en el seno de Caisse d'Épargne. Hoy ha cruzado segundo la línea de meta, con su gesto antiestético de siempre pero con mucho mejor ritmo que en las últimas temporadas. Su resurrección de hoy en el Alto del Morredero es un nuevo indicador para confirmar lo que las cifras ya señalan: Caisse d'Épargne es el equipo más fuerte del mundo. Lo dicen las sensaciones y la clasificación UCI; Cycling Quotient lo sitúa segundo, sólo por detrás de HTC - Columbia. Lo cierto es que Eusebio Unzué posee al menos a ocho corredores capaces de hacer top10 en el Tour, pero sólo dos con la solidez necesaria para colarse en el podio de París (y uno de ellos está a punto de ser sancionado...). El equipo bancario tendrá que jugar sus cartas con mucha astucia en la gran ronda francesa para conseguir un resultado positivo, per la calidad deportiva de sus hombres hace que éste se encuentre a su alcance.

De cualquier manera, la sensación preponderante que ha dejado esta ascensión al Morredero es la vulnerabilidad de Alberto Contador. El líder de Astaná ha caído hoy frente a tres rivales netamente inferiores a él en una situación, la soledad frente a un grupo de rivales directos, a la cual habrá de enfrentarse muchas veces el próximo julio en su camino hacia el maillot amarillo debido a la incapacidad de su equipo. Esperemos que, para esa fecha, haya aprendido la lección que impartió el magnífico Fabian Cancellara en las clásicas de adoquines: cuando eres favorito, no puedes esperar a sufrir una encerrona. Hay que ser el primero en atacar, más sin una escuadra que te proteja. Como dice la máxima, quien da primero da dos veces...
Foto: Cyclingnews

miércoles, 14 de abril de 2010

Ezequiel Mosquera: el último de su estirpe


Cuando uno observa a Ezequiel Mosquera (1975, Teo - A Coruña) sobre la bicicleta, la primera imagen que le viene a la mente es la de otro escalador puro, el aragonés Fernando Escartín. Ellos dos, junto a Roberto Heras y 'Chava' Jiménez, son los últimos grandes exponentes de esa especie que hasta hace unos años representaba el arquetipo de ciclista español: hombres extremadamente delgados, en muchas ocasiones de baja estatura también, que sufrían en el llano y hacían sufrir en la montaña a cualquiera de sus rivales gracias no sólo a sus cualidades innatas, sino también a un carácter agresivo sobre la bicicleta, un arrojo sin parangón que les hacía atacar cuando la carretera más se empinaba, fuera en el último puerto o en el primero.


Hablamos de una especie de corredor endémica, casi inédita más allá de nuestras fronteras y presente desde los primeros pasos del ciclismo español: desde Federico Ezquerra y Vicente Trueba, pasando por Federico Martín Bahamontes y Julio Jiménez, hasta llegar al que se convirtió en el prototipo de esta raza, ese Pedro Delgado que tuvo los arrestos de arriesgarse a un periplo en el PDM holandés para conseguir esa pericia en el llano que les faltaba a sus congéneres.

Ezequiel Mosquera es un escalador de los de antes. Su única cualidad en el llano es el ser capaz de apretar los dientes cuando es necesario, ser un esforzado de la ruta. A pesar de haber rozado en varias ocasiones el podio de la Vuelta a España, jamás ha renegado de esta condición: no busca tener varios hombres a su servicio, prescinde del aureola que rodea a los grandes líderes del pelotón. Se conforma con pedalear sin ataduras. "Sencillamente me gusta ser ciclista. No es que me chifle la competición; sólo la sobrellevo". Sincero. Sencillo.

Sencillos fueron también sus comienzos en el ciclismo. Pasó a profesionales con 23 años en el modesto equipo portugués Paredes, donde se mantuvo cuatro campañas y consiguió dos victorias antes de pasar dos temporadas en Cantanhede y Carvalelhos. Cuando se le recuerda la experiencia portuguesa, Eze sonríe aún con mayor amplitud de la habitual, enseña un poco más su aparato dental (a la vejez, viruelas). "Ganaba poco dinero, pero fue una época bonita. Cuando estaba allí me quejaba, pero ahora vuelvo y sólo tengo buenos recuerdos. En febrero, durante la Vuelta al Algarve, sentí bastante nostalgia".

Eze tampoco olvida cómo logró salir de Portugal hacia cotas mayores. "A Óscar Guerrero siempre le voy a estar agradecido". Fue el técnico vitoriano quien le dio la alternativa en España, haciéndole un hueco en el modélico y añorado equipo Kaiku y dándole la oportunidad de destacar en un calendario de cierto nivel. "El bloque de Kaiku podría haber llegado muy lejos. Teníamos una buena empresa apoyándonos, buenos corredores, buena imagen, buen staff... lo teníamos todo para haber llegado lejos. Pero duró menos de lo que deseábamos". Su mayor éxito vestido de rosa fue una etapa de la Vuelta a la Rioja, conseguida gracias a una épica cabalgada. Llamó la atención de Vicente Belda, que le incorporó a aquel Comunidad Valenciana de 2006, moribundo y fustigado por la OP, donde pasó un año en blanco. Surgió entonces la oportunidad de firmar con el nuevo Karpin - Galicia de Álvaro Pino...

Tres exitosas temporadas después, Mosquera persigue objetivos elevados dentro de un calendario de mucha mayor calidad que el que disputaba en su día en Portugal. El gallego lidera el Xacobeo - Galicia, de categoría profesional y con varias presencias en carreras ProTour. "Para este inicio de temporada tengo un pico de forma en Catalunya, País Vasco y Castilla y León [en las dos primeras completó actuaciones anónimas; la tercera ha empezado hoy]. Teníamos la posibilidad de correr el Giro, pero era muy complicado y hubiera sido necesario reforzar la escuadra para afrontarlo con garantías... Y después me centraré en preparar la Vuelta a España".

Ésa es su carrera fetiche. Ha tardado ocho temporadas y cinco equipos en poder participar en la gran ronda española, y explota cada presencia en ella al máximo. 5º en la general final de 2007, 4º en 2008, 5º en 2009. Regularidad al máximo, sólo hace falta un puntito más para pisar el podio. "Voy a ir a la Vuelta con intención de hacer entre los tres primeros, pero con los pies en el suelo. Una caída te puede dejar sin opciones a las primeras de cambio", tal y como le sucedió a él mismo en la etapa de Lieja de la edición pasada.

Pero, a la hora de la verdad, su anhelo en la Vuelta a España es otro. Le delata, de nuevo, la preponderancia que toma el aparato de dientes en su cara. "Tengo ganas de conseguir un triunfo de etapa. Todos estos años me he quedado con la miel en los labios [cinco veces entre los cuatro primeros de diversos parciales], porque aunque fuera el mejor de los favoritos llegaban escapados por delante. Pero este 2010 tengo seis finales en alto, seis oportunidades buenas". Se le pregunta si le gustaría ganar en la Bola del Mundo, final en alto inédito que se disputará el penúltimo día de carrera, con todos los grandes jugándose el triunfo definitivo. Sonríe, esta vez con la boca cerrada. "Sí. Sería un puntazo".


A sus 35 años, con doce campañas como profesional en las piernas, es imposible no preguntar por una hipotética retirada. La respuesta es, cuanto menos, sorprendente: "No me veo muchos años más compitiendo. Ya digo: me gusta ser ciclista, la vida sacrificada, el entreno diario... Pero el ambiente de competición es muy exigente, no me gusta demasiado examinarme todos los días".

El día que se retire, el ciclismo español se quedará con Carlos Sastre como única referencia en cuanto a escaladores puros de tronío (Contador es un ciclista total, moderno, capaz de desempeñarse igual de bien subiendo y en contrarreloj). Habrá que esperar a la evolución de Sergio Pardilla, que se experimenta en el Carmiooro italiano, o de un Beñat Intxausti que evoluciona y sorprende (fue 3º en la Vuelta al País Vasco) en las filas de Euskaltel con objeto de llegar donde Iban Mayo no pudo. El día que Ezequiel Mosquera se retire perderemos a uno de nuestros últimos escaladores de élite. Pero también a un corredor que hace de su condición de esforzado de la ruta, de su modestia y sencillez, su enorme y auténtica virtud.

miércoles, 7 de abril de 2010

Bicefalia, arrogancia, "hand in glove"


El frenesí de la temporada ciclista no cesa; estamos en Abril, mes de plena efervescencia en el mundo de las dos ruedas y con la actualidad dividida en varios focos. Mientras en el Circuito de la Sarthe Luis León Sánchez se llevaba una nueva victoria evitando el esprint con un potente demarraje en el último kilómetro, en la Vuelta al País Vasco se volvía a reproducir la controversia de ayer con Valverde realizando maniobras susceptibles de malinterpretación en su duelo con Óscar Freire. El cántabro zanjó el debate con unas contundentes declaraciones recogidas por el periodista de Eurosport Adrián G. Roca en su Twitter: "Ha sido la misma táctica, el mismo esprint que ayer, solo que en diferentes posiciones. A ver si [el juez] es igual de estricto". No lo fue.

La gran polémica del día se ha situado lejos de las carreteras. La ha desatado desde las páginas del diario inglés The Guardian el incomensurable velocista Mark Cavendish, indiscutible número uno del mundo en lo que a 'volatas' se refiere y una de las lenguas más largas del pelotón. "Él no es un problema para mí: yo soy mejor corredor". Las declaraciones, que dirigidas a un rival acérrimo constituirían una falta de respeto y una muestra de arrogancia extrema, adquieren un cariz aún peor cuando se conoce que van dirigidas a su propio compañero de equipo en HTC - Columbia, André Greipel. "Aun en mala forma, soy mejor que él".

"Me molestaron mucho sus comentarios tras Milán - San Remo. Si se veía mejor que yo podría haberlo dicho antes, y no con la hoja de resultados en la mano". Ya comentamos en su día la controversia surgida en torno a cómo Greipel perdió una buena oportunidad de luchar por la victoria en la 'Classiccisima' por ceder su puesto a Cavendish, corredor de mayor estatus que sin embargo se arrastraba por las carreteras en los días previos a la disputa del primer Monumento de la temporada. El resultado de esta decisión, ilógica en lo deportivo, fue un pobre 89º puesto para el velocista británico. Y, más adelante, unas explosivas declaraciones por su parte que amenazan con desestabilizar la armonía dentro de la escuadra capitaneada por Bob Stapleton.

Cavendish no se limita a criticar a su compañero (¿enemigo?), sino que impone condiciones públicamente: "No hay ninguna opción de que venga a una carrera donde yo participe". Desprecia con esto las opciones del esprinter alemán de participar en los más selecto del calendario mundial, reservado para el mayor caché de 'Manx Express'. Y, al final de la entrevista, lanza unos últimos dardos sobre Greipel: "Si sólo quisiera conseguir victorias de mierda, correría carreritas de mierda (sic)". Sería justo y necesario recordarle al antiguo pistard de la Isla de Man que el único motivo por el cual Greipel tiene que correr "carreritas de mierda" es porque se ve obligado a cederle el mejor calendario. No se debe ser tan lenguaraz y hostil, y menos contra un coequipier.

Sólo parece existir una solución para este problema, y de hecho parece ser la buscada por Cavendish: la salida de uno de los dos hombres del equipo Columbia en dirección a otra nueva escuadra a la cual aportar la decena de triunfos que cualquiera de ellos (Mark ó André) garantizan cada temporada. Para el corredor germano ya se baraja un posible destino: Omega Pharma - Lotto, estructura históricamente acostumbrada a contar con un esprinter dominante en sus filas y huérfana de ello este año. Sin embargo, no parece probable que el culebrón acabe así. Resulta mucho más factible que sea Cavendish quien abandone Columbia con rumbo hacia el Sky de su mentor Dave Brailsford, que ya intentó en vano incorporarle este invierno y a buen seguro volverá a la carga con gusto el próximo. Teniendo en cuenta este dato, las declaraciones de Cavendish se pueden interpretar como un desaire, no ya a su compañero Greipel, sino al cuadro técnico de su equipo. Un gesto, un brindis contra ellos, un aviso de que está dispuesto a abandonar su plantilla apenas sea posible.

La bicefalia de Columbia ya no se sostiene; a Stapleton le ha llegado la hora de escoger con cuál de las cabezas quedarse. La punta de velocidad de Cavendish no tienen parangón en el ciclismo mundial, siendo Greipel algo más lento pero mucho más potente y consistente, tanto a la hora de lanzar esprints largos como para superar esas dificultades montañosas que son el talón de Aquiles del británico. Un factor diferencial llega cuando ambos se bajan de la bici: el carisma de 'Manx Express' contrasta con la timidez de 'Hulk', incapaz de atraer los focos hacia sí de otra manera que no sea sobre la bicicleta. Por otra parte, retener a Cavendish y dejar marchar a Greipel supondría perder una magnífica baza para los esprints y albergar en el seno del equipo una bomba de relojería, capaz de estallar en el momento menos adecuado por sus deseos de marchar a un equipo Sky para cuya concepción (británica) y talante (arrogante) es, como se dice en inglés, "hand in glove" (uña y carne).
Foto: Francis Ruiz

lunes, 5 de abril de 2010

Los jueces que dan y quitan a Valverde


Difícilmente podría haber sido más controvertido el triunfo que se ha llevado Alejandro Valverde en la primera etapa de la Vuelta al País Vasco. Por si no fuera suficiente con la sanción que se cierne sobre el corredor murciano a raíz de la famosa "procura" del CONI y el veredicto favorable de los jueces del TAS (hay quien sostiene que hoy no debería estar participando en la ronda vasca), hoy han sido otros jueces (los de carrera) quienes le han otorgado la victoria después de que Valverde entrara en meta, quejumbroso, tras Óscar Freire. El motivo de la queja se puede ver en el vídeo de RTVE: el velocista de Rabobank realiza una trayectoria oblicua durante su esprint, impidiendo que el de Caisse d'Épargne le supere y forzándolo a cerrarse peligrosamente contra las vallas. El cántabro se ha visto finalmente relegado en las clasificaciones, hecho ante el cual ha reaccionado protestando vehementemente según recoge Biciciclismo.

Lo cierto es que Freire tiene motivos para quejarse. Analizando la grabación de los últimos metros de la etapa, saltan a la vista dos hechos. En primer lugar, el cántabro gana la posición a Valverde incluso antes de que se lance la 'volata'. En segundo, no realiza ningún cambio en su trayectoria, oblicua desde el inicio para compensar la dirección del viento según contó en la llegada. Desde el punto de vista del corredor murciano, sin embargo, se observa que la mencionada trayectoria del hombre de Rabobank le obliga a corregir la suya y con ello obstaculiza su posible progresión. En todo momento Valverde parece capaz de dar un punto más de sí e incluso superar Freire, pero el hueco existente entre éste y la valla resulta insuficiente para rebasarle (el cántabro defiende lo contrario).

Visto así, resulta comprensible la decisión de darle la victoria a Alejandro Valverde (yo, de hecho, la comparto). El detalle enervante es que los jueces, en un alarde absurdo de corrección política, decidieron no relegar a Freire a la última posición del grupo, como suele ser habitual cuando se descalifica a un ciclista. No; decidieron que el cántabro no merecía caer hasta el 24º lugar, y le dieron el segundo. Esta decisión, destinada a compensar las iras del tres veces ganador de Milán - San Remo, tiene un punto que puede ser interpretado como alivio de conciencia ó como socarronería. Porque, si tan seguros estaban los jueces de la Itzulia de que Freire había maniobrado ilegalmente en el esprint, ¿por qué no se han atrevido a situar al cántabro en el lugar que la ley dicta? Parece que hubieran decidido darle a Valverde una parte de lo que sus homólogos del TAS están dispuestos a quitarle. Y, además, con un proceder igual de dudoso.

sábado, 3 de abril de 2010

La prueba de fuego de Quick Step


Decía al principio de la temporada de clásicas que las preguntas que se planteaban ante ella las responderían las piedras. Un mes de competición después se podría decir que la mayoría de las incógnitas se alojan en el seno de Quick Step. Esta semana previa a la disputa del Tour de Flandes, carrera en la que el conjunto belga acumula cuatro de los últimos cinco triunfos gracias a Boonen y Devolder, ha estado marcada en ese sentido por las declaraciones del mánager de la escuadra flamenca Patrick Lefévre, que no dudo en declarar a P Magazine su enfado con la Federación Belga por condicionar a Iljo Keisse y, sobre todo, sus críticas a dos de los puntales de su propio equipo para las clásicas: Wouter Weylandt y Stijn Devolder.

Las críticas de Lefévre están cargadas de razón. A Weylandt le acusa de haber tenido unos pocos días buenos y, después, nada más. Lo cierto es que el velocista belga no tuvo demasiadas actuaciones brillantes la pasada temporada, y que ésta prácticamente no la ha empezado; cuenta, sin embargo, con el atenuante de su juventud. Respecto de Devolder existen menos paliativos: Lefévre le acusa de centrarse únicamente en el Tour de Flandes, y basta mirar sus resultados en 2009 para comprobar que no se puede más que estar de acuerdo con el técnico. Victoria en Flandes aparte, Stijn no hizo más que dos buenas cronos en Tirreno - Adriático (2º) y otra en el Campeonato de Bélgica (4º). El resto del año lo pasó en el anonimato, a pesar de completar más de medio centenar de días de competición adicionales.

Cabe la posibilidad de que las declaraciones de Lefévre fueran un latigazo para intentar hacer reaccionar a sus pupilos. En ese sentido, el acicate funcionó: tanto Devolder como Weylandt se mostraron agresivos y voluntariosos en los Tres Días de la Panne, el primero tirando del pelotón en solitario durante la etapa inaugural y el segundo esprintando en el sector matinal de la clausura, si bien también dejaron en evidencia que su forma física deja un poco que desear de cara a enfrentarse al Tour de Flandes, su gran compromiso de la temporada. Como consecuencia de este estado de forma precario, Weylandt se ha caído del 'ocho' de Quick Step para el Monumento flamenco. Devolder, por su parte, se ha visto relegado y se resigna a trabajar para que Tom Boonen consiga su tercera victoria en la clásica belga.

La realidad es que, en este momento, el superclase de Mol es la baza más sólida que puede poner en liza el conjunto belga. A su alrededor apenas podrá disponer de un aspirante de segunda fila como Sylvain Chavanel, gregarios sólidos pero poco relevantes como Barredo, Hulsmans y Tossato y un candidato a sorpresa positiva como Maarten Wynants. La situación será muy distinta a la del año pasado, donde Quick Step pudo bloquear la carrera a su antojo y servir la victoria para aquel que más interesó. Seguramente Boonen deberá luchar cuerpo a cuerpo con el que, a tenor de lo visto en el E3 Harelbeke, es el rival a batir: el suizo Fabian Cancellara, que en 2009 vio frustradas sus aspiraciones de ganar su tercer Monumento por una cadena rota en el Koppenberg y una ansiedad excesiva y en 2010 tendrá en Matti Breschel un gregario de excepción. Tras ellos, la opción del catalán Flecha, la posibilidad de un Gilbert estelar y las múltiples bazas de Liquigas (Oss, Bennati, Quinziato) y Rabobank (Nuyens, Boom, Langeveld). En la línea de meta de Meerbeke sabremos el nombre del ganador; pero, antes, nos enteraremos de si Quick Step es capaz de superar su prueba de fuego.

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