martes, 15 de junio de 2010

La Vuelta deja fuera a RadioShack

A mediodía de ayer, la organización de la Vuelta a España remitía una nota de prensa con veintidós equipos y una nota al pie informando de su decisión respecto de la lista de invitados a la gran ronda española. Y con ello se desataba la guerra dialéctica.

Las escuadras que tomarán parte en la Vuelta serán, según los deseos de Unipublic, las dieciséis que firmaron el llamado 'Acuerdo de Londres' hace dos años (básicamente, los ProTour de 2008 que siguen en las carreteras) y seis que son directamente invitadas por la organización: los ProTour Sky, Katusha y Garmin y los profesionales Cervélo, Andalucía - Cajasur y Xacobeo - Galicia. Una selección, según declara Javier Guillén [máximo ejecutivo de la Vuelta a España] en As llevada a cabo en base a "criterios estrictamente deportivos", que deja fuera de la carrera a la gran sensación de su pasada edición de la gran ronda española, Vacansoleil, al BMC de Cadel Evans y a uno de los indiscutibles mejores equipos del mundo, RadioShack.

Es en el seno de esta última estructura donde se ha hecho notar más el descontento y la indignación con Unipublic. La primera reacción fue de Johan Bruyneel, que en su Twitter anunció recién conocida la noticia que haría comentarios "interesantes y picantes". Más tarde, emitió un comunicado donde se mostró "no sólo sorprendido, sino perplejo. Pensé que se trataba de un error y llamé a Javier Guillén para que me diera explicaciones. Me dijo que no ofrecíamos un equipo suficientemente bueno y no me lo podía creer. Sólo con Leipheimer, Klöden, Horner y Brajkovic llevábamos a cuatro potenciales ganadores de la Vuelta. Era nuestro otro objetivo del año junto al Tour, por eso (y porque debíamos correr la Vuelta a California) no corrimos el Giro de Italia".

Si tomamos lo que dice Bruyneel como cierto, realmente la razón no está con Unipublic. Leipheimer, Klöden, Horner y Brajkovic parecen corredores de entidad suficiente como para garantizar la invitación del que, por otra parte, es el octavo equipo del mundo según el Ránking UCI y el quinto según CQ Ránking. Ahora bien, no parece que esa fuera efectivamente la alineación que RadioShack planeaba disponer en la gran ronda española.

Según algunas fuentes y declaraciones de Chechu Rubiera a Biciciclismo, ésta incluía a Janez Brajkovic, Chris Horner, Geert Steegmans y el bloque ibérico del equipo conformado por el propio Rubiera (que con la decisión de Unipublic no estará en el estreno en competición de la cima que lleva su nombre, también conocida como Coto Bello), Zubeldia, Irízar, Machado y Paulinho. Pero no por Leipheimer y Klöden, que de cumplir un calendario formado por Tour y Vuelta acabarían la temporada con 80 días de competición, una cifra a todas luces excesiva para ciclistas de 37 y 35 años respectivamente.

Así, no parece que Bruyneel las tenga todas consigo; pero lo mismo se puede decir de Javier Guillén. El valor deportivo del 'nueve' preseleccionado por RadioShack es enorme más allá de las ausencias de sus cabezas de cartel, empezando por el heptacampeón del Tour Lance Armstrong. No puede ser que sea el factor decisivo para esta no invitación a la Vuelta. Más bien puede que lo sea la nota al pie a la cual hacíamos referencia al principio, que establece que "Unipublic se reserva la posibilidad de modificar esta lista si circunstancias importantes así lo aconsejaran, teniendo siempre muy presentes las responsabilidades éticas de los participantes y su calidad deportiva", y la intención sea presionar a RadioShack para que mejor aún más su propuesta.

O quizá, como señala en algunos mentideros, sea un castigo al equipo americano por lo que pueda haber de cierto en las declaraciones de Landis. O por las posturas contrarias a las sostenidas por las grandes autoridades que Bruyneel y Armstrong han adoptado en asuntos de trascendencia para el futuro del ciclismo. Un ciclismo que Bruyneel afirma "estar dispuesto a hacer todo lo posible para profesionalizar" en un pequeño ataque de megalomanía.

En Vacansoleil, en cambio, la decisión de Unipublic de dejarles fuera de la Vuelta en favor de equipos de menor calidad como Garmin o cuyo desprecio por el calendario español ha sido manifiesto como Sky ha sido acogida con resignación. Su mánager Dan Luijkx ha declarado que "es lamentable que no podamos hacer ninguna gran vuelta en 2010 después de lo bien y rápido que anduvo todo en 2009... Esperamos que estas peleas entre organizadores y equipos se acaben cuando llegue el nuevo sistema en 2011. Estamos tristes, pero tenemos que centrarnos en las muchas citas grandes que nos quedan en estos meses". Evita así las polémicas el gerente del conjunto holandés, que revolucionó varias veces la gran ronda española el año pasado con su actitud combativa, y se pone en manos del sistema de invitaciones previsto para la próxima campaña, basado en méritos deportivos y no en económicos o, directamente, subjetivos.

El tercer agraviado significativo por la no invitación a la Vuelta a España, BMC, se lo toma con aún mayor filosofía y, sobre todo, con realismo. Y es que no posee plantilla ni estructura suficiente para afrontar las tres grandes rondas esta temporada, hecho que se hubiera consumado de haber estado presentes en la salida de Sevilla. "Nuestros planes pasaban por competir en un 'grande', el Giro de Italia", explica ufano el mánager Jim Ochowicz, "y eventualmente una segunda, el Tour de Francia. Pero hacer la Vuelta, en 2010, no era posible".

Por lo que respecta a los equipos a los que se ha otorgado una invitación, las reacciones de alegría han sido mucho más tibias. Andalucía, cuya viablidad depende en gran medida de estar presente en la gran ronda española, expresaba su agradecimiento a través de su jefe de filas José Ángel Gómez Marchante. Xacobeo, por su parte, afirmaba que su objetivo será mejorar en la Vuelta de 2010 lo hecho en la de 2009, para lo cual contará con el liderazgo de Ezequiel Mosquera y el respaldo de buenos elementos como David García Dapena, Gustavo César o Rodrigo García. Dave Brailsford, mánager de Sky, hablaba de un "voto de confianza de Unipublic", mientras Katusha, Garmin y Cervélo aún no han realizado ninguna declaración al respecto. Los primeros están dentro por la predilección de Javier Guillén por su líder Joaquín Rodríguez; los segundos, por Tyler Farrar; los terceros, por Carlos Sastre. Ahora bien, no se sabe si por su presencia en el 'nueve' de la Vuelta o por su poder fáctico...

* Agradecimiento a Daniel Sánchez por su traducción de las declaraciones de Dan Luijkx

lunes, 7 de junio de 2010

El discurso del silencioso Arroyo

"Después de mucho ayudar, en este Giro por fin me he podido expresar", decía sonriente a los corresponsales de la Gazzetta dello Sport en la meta del Tonale el penúltimo día de competición del Giro de Italia. El segundo puesto de la general de la 'corsa rosa' ya era suyo

David Arroyo (1980, Talavera de la Reina) ha sido siempre un hombre silencioso sobre la bicicleta, poco dado a las estridencias y al lucimiento individual. Él no es la cigarra sino la hormiga, trabaja pacientemente y siempre sacrificando sus opciones en pos de otros más cualificados aunque probablemente menos mentalizados. Recio, sólo se ha retirado en una carrera en seis años. Es un gregario de manual, perteneciente esa raza de vueltómanos diésel pocas veces brillantes pero siempre iluminados. Por ello, para el talaverano poder expresarse sobre las dos ruedas con la misma alegría que gasta lejos de ellas mediante una enorme actuación en el Giro fue motivo de máxima felicidad. Porque los eternos días de fatiga desapercibida merecen aunque sólo sean minutos de gloria relevante.

La feliz disertación de Arroyo se comenzó a construir en uno de esos días que pasan a la memoria colectiva y, con ello, a la historia del deporte de la bicicleta. En el undécimo parcial de la 'corsa rosa', el talaverano se filtró en una fuga de más de medio centenar de hombres junto a cuatro compañeros de Caisse d'Épargne (Kyrienka, Amador, Jeannesson y Losada) que realizaron un trabajo magnífico para que ésta saliera adelante mientras las escuadras de los favoritos se miraban con recelo en el seno del pelotón y dejaban crecer la ventaja hasta los casi trece minutos consumados en meta. Arroyo viajaba acompañado también de grandes nombres como Carlos Sastre, Bradley Wiggins, Xavi Tondo, Linus Gerdemann, Robert Kiserlovski o el líder tras la etapa Richie Porte, todos ellos corredores capaces de figurar entre los primeros clasificación general sin necesidad de esta inesperada ayuda.

Sin embargo, Mario Cipollini lo vio claro en su columna de la Gazzetta sobre la jornada: "Ahora, mi favorito para el Giro es Arroyo". El tiempo daría la razón al otrora gran esprinter italiano. La apuesta, algo sorprendente teniendo en cuenta lo altisonante de sus compañeros de fuga, no lo era tanto revisando las credenciales del talaverano. Éste había completado nueve grandes vueltas: dos Giros, dos Vueltas y cinco Tours. Su potente motor estaba fuera de toda duda para aquel que siguiera medianamente la actualidad ciclista. Y, sobre todo, había mostrado un estado de forma excepcional, encontrándose siempre con los mejores en las etapas holandesas y en el embarrado final de Montalcino; sólo había fallado en el Terminillo, donde cedió un par de minutos. La sensación de Cipollini no tardó en ser avalada por los hechos: en Asolo, tras la subida al Monte Grappa, Arroyo cogía la 'maglia rosa'. Desde ahí hasta Verona, la felicidad y el brillo...

Aunque su ventaja se fue limando poco a poco, sobrevivió al Zoncolan donde Basso hizo patente su superioridad respecto del resto de participantes; también en la cronoescalada de Plan de Corones y en Peio Terme. Su brillo, sin embargo, fue aún mayor el día que tuvo que claudicar en su defensa del entorchado, camino de Aprica previo paso por el Mortirolo. En la subida al gigante lombardo, el puerto favorito de Marco Pantani, Arroyo tuvo que ver como Liquigas montaba su zafarrancho particular y le dejaba atrás, roto. En la bajada, en cambio, nos regaló una gesta para el recuerdo. Un descenso de esos que antes se llamaban a tumba abierta que le sirvió para cazar a todos los que iban delante de él, con excepción de Basso, Nibali y Scarponi. Los apenas 40" de desventaja respecto de la terna con que contaba al inicio de la subida a Aprica se vieron aumentados a más de 3' debido a la falta de colaboración de los que iban con él en el grupo, indignamente abúlicos. Cedió el liderato.

Pero, aunque el resultado no fuera el mejor, las sensaciones si lo habían sido. En los siguientes parciales se limitó a aguantar su segunda plaza del podio corriendo tal y como lo hizo el resto de la prueba: a su ritmo, sin forzar, dejándose ir en los momentos clave. El balance: "ha sido la semana más bonita de mi vida", como contaba a Javier Gómez Peña en las páginas de El Correo en un análisis postrero. No era sencillo, pero sí justo para un hombre que, tras ser despreciado por Manolo Sáiz para la ONCE después de tres años en el equipo (de 2001 a 2003), se vio obligado a revindicarse en el modesto LA-Pecol luso con dos preciadas etapas en la Volta a Portugal. Luego llegó el fichaje por Caisse d'Épargne, con él el pasaporte al ciclismo de alto nivel; y, después, al brillo y la oratoria en los más lustrosos escenarios.

Para su vuelta, en Talavera le habían preparado un gran recibimiento. Con su amigo Álvaro Bautista, motociclista campeón del mundo de 125cc en 2006, a la cabeza, y secundado por ex compañeros de fatigas como Abraham Olano o Rafa Díaz Justo. Centenares de talaveranos le arroparon en un día muy especial donde todos le transmitieron lo cerca que habían estado de él durante la 'corsa rosa'. Desde su hijo, que según recogía As le pedía que "apretara el culo", hasta el alcalde José Francisco Rivas, que acabó su disertación con una cita de Charles Dickens: «El hombre no sabe de lo que es capaz hasta que no lo intenta».

La pregunta es ahora cómo cambiará esta expresión al más alto nivel, este discurso desde el púlpito del Giro de Italia. A corto plazo, su gran actuación y la sanción de Alejandro Valverde le han abierto la posibilidad de correr como jefe de filas de Caisse d'Épargne junto a Rubén Plaza la Vuelta a España. A largo, Arroyo se expone al mismo peligro que un otrora integrante del equipo bancario, el gallego Óscar Pereiro. Quizá verse tan arriba le haga dejar de tocar el suelo con los pies, creerse capaz de todo. Exigirse expectativas muy por encima de su capacidad. Ése es un riesgo real que deberá superar para que este podio del Giro sea su cénit y no el principio del fin, el inicio de un silencio eterno y decepcionante...

sábado, 5 de junio de 2010

Ivan Basso, las deudas y la criba de la eternidad

Ha pasado ya casi una semana desde que Ivan Basso fue aupado por sus compañeros de Liquigas a lo más alto del Foro de Verona. Vestido de rosa, el italiano sonreía ampliamente con gesto de satisfacción. Y, sobre todo, de alivio.

A principios de mayo no era difícil imaginarse a Ivan Basso (1977, Varese) pensando en el Giro de Italia con inquietud, como si fuera no tanto un objetivo deportivo como uno moral. E ineludible. Ivan tenía ante sí una gran ocasión para llevarse de nuevo la 'corsa rosa', contaba con un recorrido hecho a su medida y un equipo potentísimo a su servicio. Las circunstancias ideales para ganar la gran ronda italiana, sí. Pero el objetivo de Ivan no era tanto la gloria deportiva, sino algo más elevado como la gloria moral. No era de extrañar, pues, que estuviera tan nervioso...

Tras concluir el Giro del Trentino, apenas dos semanas antes de la salida del Giro, Basso se mostraba inseguro ante los medios de comunicación. Quería repetir la victoria de la temporada anterior en la pequeña prueba italiana para demostrarse a sí mismo que su estado de forma era bueno. "Sólo" consiguió una quinta posición, realizando una actuación más que decente pero insuficiente para sentir que llegaba al pistoletazo de salida de Amsterdam en las condiciones adecuadas. Decidió correr el Tour de Romandía, inicialmente fuera de su planificación, para afinar su puesta a punto.

No iba a estar tranquilo en casa, pensando que quizá pecara de pereza y que seis días más de competición antes de su gran objetivo, seis días que le aseguraran el correcto estado físico, no le habrían hecho daño. No podía dejar nada al azar antes de un Giro que no era uno más, sino su 'chance' para pagar sus deudas. Con el mundo del ciclismo en general, con la propia 'corsa rosa' en particular. Y también con la escuadra Liquigas que le dio la oportunidad de volver al profesionalismo.

Era un Giro trascendente para sanear su cuenta corriente moral. Aquella que abrió proclamándose campeón del mundo sub 23 por delante de dos compatriotas con los que prometía marcar una época del ciclismo, Danilo Di Luca y Giuliano Figueras. Ese día de 1998 en Valkenburg Basso prometió al deporte de las dos ruedas una rivalidad épica con un Di Luca que afirmó que "de no ser por las tácticas yo me habría llevado el arcoiris" y, sobre todo, un superclase agresivo y poderoso cuyos hitos y palmarés iban a pasar a la Historia.

El ciclismo, sin embargo, es un deporte cruel con sus amantes, y aquellos que pretenden dominarlo hasta convertirse en mitos deben llevar grabado a fuego en su mente el siguiente axioma: no hay gloria sin sufrimiento. En ese proceso de sufrimiento, en si se sucumbe o se supera, reside la criba entre los buenos y los eternos.

El proceso de criba para Basso ha sido complicado. Su debut en el Tour de Francia, en 2001 con los colores de Fassa Bortolo, cuando aún se estaba encontrando a sí mismo como corredor y lo mismo lo intentaba en la montaña que al esprint, intentó hace saltar la banca en la séptima etapa. El siempre vibrante Día de la Bastilla, fiesta nacional francesa del 14 de Julio, el varesino atacó subiendo el Col de Fouchy. Formó el corte bueno con Voigt, Cuesta, Roux y su ídolo Jalabert, con quienes se intentaría jugar la victoria en Colmar. Pero, en el descenso que conducía a la población francesa, Basso cayó y se rompió la clavícula. Era, según sus compañeros de fatigas, "el más fuerte" de aquella jornada en que se acabaría llevando el gato al agua Laurent Jalabert.

Era su pecado de juventud. La agresividad. Ivan tenía un espíritu combativo, propio del lobo de la bicicleta que era y de la necesidad que había tenido en su época 'dilettante' de ganar por aplastamiento. Había que rebajar ese temperamento para optimizar el rendimiento del varesino, y de ello se encargó un hombre de carácter como Giancarlo Ferretti, su director en Fassa Bortolo. Ferretti le obligó a trabajar para los Petacchi, Bartoli o Casagrande, le dejó buscarse la vida en las grandes rondas y le limitó sus impulsos de atacar. Los resultados deportivos fueron dos jerseys blancos de mejor joven en el Tour de Francia. Los actitudinales, un corredor que transmitía cierta abulia, escondido, de gran motor y poco espectáculo.

Eso era algo que el ciclismo no podía permitir. La deuda contraída con aquella caída de Colmar ya estaba pagada con los entorchados de la gran ronda francesa, ahora le tocaba a Ivan convertirse en un superclase brillante para que las paces estuvieran hechas. Y aunque consiguiera marcas tan impresionantes como ser el ciclista que menos cedió con Lance Armstrong en la montaña del Tour 2003, no lo estaba haciendo. Al revés: caminaba hacia la opacidad. Fichó por CSC, un equipo donde sería líder absoluto, y consiguió unos resultados impresionantes, incluyendo su primer podio en la 'Grande Boucle' (3º en 2004) y su primera victoria como profesional en el Giro dell'Emilia...

Pero seguía siendo un corredor romo. En el Giro'05 se puso primero de la general sin realizar ni un ataque por sí mismo, siempre a rebufo de los más agresivos y evitando que el viento le rozara la cara. De nuevo, algo que el ciclismo no podía permitir. Era necesario un escarmiento, aunque costara que la 'corsa rosa' se endeudara con él. En la decimotercera etapa, vestido de líder, cedió un minuto en un trazado asequible. Problemas estomacales le impedían rendir como lo había hecho hasta aquel momento en que las circunstancias se revolvieron contra él, como una especie de castigo del 'karma'.

Al día siguiente, en un parcial complicado camino de Livigno, Basso cedió más de cuarenta minutos. Recorrió el total de la etapa rodeado por sus compañeros de CSC, que empujaban literalmente unas lágrimas que le impedían seguir las pedaladas del menos cualificado de sus coequipiers. Ivan, sin embargo, quiso acabar aquel nefasto día. La catarsis le vendría bien, ahora iba a luchar tal y como el cuerpo le pedía. Y vaya si lo hizo: a los dos días ya estaba con los mejores, atacando y ganando de manera imperial primero en el Colle di Tenda y luego en una crono llana, su tradicional talón de Aquiles.

Basso era el mejor de aquel Giro, aunque el castigo karmático del ciclismo le impidiera llevárselo. También lo fue del Giro siguiente, donde su victoria sí fue imperial sobre la carretera como el ciclismo quería... pero oprobiosa fuera de ella. Mientras él volaba por La Thuile, el Monte Bodone o el Passo Lanciano, en España salía a la luz la Operación Puerto. Y, en ella, camuflado bajo el nombre Birilio, estaba Ivan. Sus amistades peligrosas le costaron el cariño del público, las instituciones ciclistas y su equipo. No corrió más aquel año: estaba manchado, aunque lo negara y las tretas de la justicia española impidieran su sanción.

Un año y un contrato roto con Discovery Channel después, Basso fue sancionado. Ahora sí que estaba endeudado, en práctica bancarrota. El ciclismo daba por perdido a un proyecto de corredor histórico que, para más inri, le había dejado en la estacada con la mayor afrenta posible: dopaje. Ivan debería contraer aún más débito para poder llegar al equilibrio con todos aquellos que le reclamaban lo que le habían prestado. Y, para su fortuna, meses antes de cumplir su sanción encontró un prestamista a fondo perdido: Liquigas.

Es de reconocer el gran mérito que tuvo Roberto Amadio en este fichaje. En la semana de abril en que anunció el fichaje de Basso, la escuadra 'verde' se encontraba en plena campaña de desprestigio, toda vez que había tenido que prescindir de su hasta entonces líder Danilo Di Luca por sus problemas con los estamentos y el dopaje. Amadio tuvo la audacia suficiente para desafiar al sistema de los apestados, de no volver a acoger a quienes hubieran pecado por mucha contrición que hubieran realizado. Ivan, que había seguido entrenando aun alejado de las competiciones, debutó a sus órdenes el 26 de Octubre de 2010, apenas dos días después de cumplir su sanción; lo hizo con un tercer lugar en la Copa Japón, que llegó fruto de un arrojo excepcional.

Basso había vuelto, aunque fuera endeudado hasta las cejas. Y así ha estado hasta ahora, cuando en este Giro de Italia saldó todas sus cuentas pendientes. Lo hizo poco a poco, con un rendimiento regular, pero dando un golpe de gracia que venía a imitar el gesto de extender un cheque a sus acreedores. Fue en el Monte Zoncolan donde, imperial, reventó uno por uno a todos sus rivales aprovechando el trabajo de sus coequipiers y, sobre todo, su enorme fuerza. Allí se impuso al resto e hizo fehaciente su reinado. Su magnífica exhibición significó la preponderancia del talento y el coraje por encima de las dificultades y los pecados propios. Significó que Basso pasaba a la historia al superar la criba de la eternidad.

martes, 1 de junio de 2010

Valverde, el pecado original y la marca de Caín

Hubo un tiempo en que en el ciclismo, como en el cristianismo, existía un pecado original. Una trampa presupuesta, una mala acción que se consideraba prácticamente inherente al corredor que llegaba al profesionalismo y penalizaba su imagen desde el mismo momento en que aparecía en el primer plano mediático subido en la bicicleta. "Ese", decía el televidente, "es un dopado". Y ante eso sólo unos pocos 'rara avis' podían desafiar a la opinión (¿quizá el saber?) general y decir con la frente alta: "Yo no. Yo estoy limpio". Al resto no les quedaba sino agachar la cabeza y seguir pedaleando.

La Operación Puerto vino a poner esto de manifiesto. Supuso una purga, la penúltima en la serie de escándalos que inauguró del 'caso Festina' y parece haberse clausurado con el pasaporte biológico que, se supone, ha limpiado el ciclismo de cualquier atisbo de dopaje. Aquel 22 de Mayo de 2006 en el cual se destapó la mayor red de "preparación deportiva" (mezquino eufemismo) fue una inmensa catarsis, en especial, para el ciclismo español; se dice que pudo haberlo sido para todo el deporte, pero las autoridades prefirieron no salir de las dos ruedas.

Decenas de corredores cayeron en desgracia gracias a esta operación de la Guardia Civil. Cayeron, sobre todo, dos de los equipos que peor fama arrastraban dentro del panorama nacional y, quizá, mundial: Kelme y ONCE. Dos escuadras históricas, ahora añoradas y en aquel tiempo poco defendidas por el grueso del colectivo ciclista: ni quienes se sentaban en los despacho ni aquellos que aplaudían en las cunetas alzaron la voz. No clamaron. Y quienes sí se atrevieron a moverse, los corredores que se plantaron en el Campeonato de España, fueron comparados por algunos medios con "trileros que se manifestaban porque les han descubierto el truco". En resumidas cuentas, a decenas de esforzados de la ruta se les destensó la cuerda sobre la cual danzaban en el vacío. Se consideraba que, de alguna manera, habían pagado por su pecado original.

Hubo sin embargo quien siguió teniendo la cuerda tensa. Personas que fueron protegidas de su pecado original con otro artefacto bíblico, la marca de Caín. Ésa que señalaba al hijo de Eva como asesino de su hermano Abel pero, a la vez, le hacía inmune ante cualquier ataque. Los nombres de estos corredores difícilmente saldrán algún día a la luz, sólo hay suspicacias en torno a ellos. Sólo uno vio reflejado su sambenito más allá del rumor: Alejandro Valverde. Posiblemente uno de los tres mayores talentos de lo que llevamos de siglo, el murciano estaba presente de manera prácticamente inequívoca en los papeles de la Operación Puerto. Bolsa 18 de sangre: Valv.(Piti). Del año 2003. Su penúltima temporada en Kelme.

Se dice que, por mucho que corra el hombre, su pasado será más rápido que él y acabará por alcanzarlo. En el caso de Alejandro, el pasado le ha dado caza a lomos del empeño de un jurista italiano, el fiscal del CONI Ettore Torri, deseando cortar la cabeza del superclase español para equiparar su condición de implicado en la Operación Puerto a la de sus compatriotas Michele Scarponi e Ivan Basso, a quienes tuvo que sancionar tras hallarles culpables de relacionarse con Eufemiano Fuentes, uno de los mayores gurús del dopaje de la historia.

Le costó cuatro años y cientos de procedimientos torticeros, pero lo consiguió. Torri abrió procesos disciplinarios insulsos 'per se', convocó audiencias que no parecían ir a ninguna parte; movió Roma con Santiago casi sin resultado. Hasta que, en invierno de 2008, el juez que instruía en España la Operación Puerto se fue de vacaciones y su sustituta, que no estaba aleccionada de cómo llevar adelante la marca de Caín que protegía a Alejandro Valverde, le cedió parte de la bolsa de sangre número 18 de las incautadas en los dominios de Eufemiano. A partir de ahí, a través de una serie de maniobras muy lógicas en el bricolage casero pero dudosísimas en el terreno jurídico, Ettore Torri demostró que esa sangre, que contenía EPO, pertenecía a Valverde.

La connivencia de AMA y UCI, cuya manifiesta antipatía hacia el murciano se hizo patente en numerosas ocasiones, hizo el resto. El enroque de la RFEC, la justicia española y el propio Valverde no resistieron más el acoso proveniente de Italia y Suiza. El TAS decidió el pasado lunes en favor de los extranjeros, que construyeron una versión totalmente verosímil de los hechos mientras la defensa del español se centraba en tumbarla mediante defectos de forma, un tibio argumento ante un tribunal más humano que tecnócrata como es el de Arbitraje Deportivo. Alejandro Valverde no volverá a correr más hasta el 1 de Enero de 2012 y perderá todos sus resultados de 2010 con efecto retroactivo.

La astronómica cantidad de dinero gastada por el corredor de Caisse d'Épargne en abogados (los rumores no coinciden en las cifras, pero ninguno baja del millón de euros) sólo ha dilatado el proceso; no habrá servido de nada si no prosperan los deseperados recursos que los abogados interpondrán en los tribunales suizos en las próximas fechas. Tampoco habrán servido su condición de paladín del ciclismo español, ni sus múltiples victorias, ni los centenares de controles antidopaje con resultado negativo que ha pasado estos años. La marca de Caín ha caído y todos estaban dispuestos a vengar a un imaginario Abel. Dispuestos a que Alejandro Valverde pagara por su pecado original, bruma de otro tiempo.

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