miércoles, 23 de marzo de 2011

El caché de Pozzato

Una de las columnas más satíricamente celebradas de José Antonio González Linares en AS fue la aparecida el día después de la Milán - San Remo de 2006. En ella calificaba al ganador de aquella ‘Clasiccisima’, Filippo Pozzato, como “ciclista sin mucho caché”. Un craso error, toda vez que el rubio italiano llevaba años siendo señalado como la gran esperanza del ciclismo transalpino, como un superclase en potencia cuya victoria en aquella San Remo no era sino un aval más del brillante futuro que se le auguraba, luchando a brazo partido con sus coetáneos Tom Boonen y Fabian Cancellara en las clásicas más prestigiosas del calendario internacional.


Años después, una vez llegada su madurez deportiva con la treintena, Boonen y Cancellara han confirmado lo que apuntaban y son dos titanes poseedores de un duopolio práctico en las clásicas del norte. Pozzato no lo es. En su vitrina de trofeos no han entrado más que algún triunfo parcial en grandes vueltas, un campeonato de Italia, victorias en citas menores y algunos podios de mérito. Aquella San Remo de 2006 y la Tirreno-Adriático de 2003 brillan, envejecidas, en un palmarés repleto de puestos y huérfano de honores.

Lejos de convertirse en un clasicómano legendario y protagonista, Pippo deviene paulatinamente un mero secundario en el concierto internacional por su táctica en carrera. Consciente de su punta de velocidad y su excepcional fondo físico, el italiano corre como si fuera el rival a batir: jamás toma la iniciativa y suele limitarse a seguir la rueda del máximo favorito, al cual anula durante toda la carrera. Esta estrategia restringe su lucimiento y el partido que saca de unas condiciones físicas excepcionales... Y, además, le granjea enemigos en el pelotón como el belga Philippe Gilbert, que no dudó en sacar la lengua a pasear el pasado sábado para acusar al actual ciclista de Katusha tras no permitir éste que su ataque prosperara. Ya en la pasada París - Tours hizo el belga unas declaraciones parecidas, advirtiendo que “la especialidad de Pozzato es hacer perder a otro ciclista” con sus marcajes.

No parece una actitud digna ni productiva para un hombre con capacidad para ser un superclase de época y, sin embargo, corre el peligro de pasar a los anales del ciclismo como el “ciclista sin mucho caché” que relató González Linares. De su cambio de actitud, tirando algo más de agresividad y menos de sangre fría, depende la percepción que tengamos de él cuando acabe su carrera deportiva.

sábado, 19 de marzo de 2011

Goss triunfa en una San Remo de las largas

Milán - San Remo siempre está rodeada de un halo especial. Es el primer plato ciclista de la temporada: lo anterior, enero, febrero, medio marzo, son meros entremeses a la espera del suculento Poggio, una subida que junto a su bajada culminada en el Lungomare Italo Calvino configura cada año quince minutos a guardar en la videoteca del buen aficionado al ciclismo.

Los quince minutos en los cuales suelen decidirse las ocho horas de Milán - San Remo fueron, por una vez, insuficientes para resumir todos los momentos para la historia que nos brindó esta 102ª edición de Milán - San Remo, probablemente la mejor de lo que llevamos de siglo. Se ha dejado sentir que el ciclismo actual no es tan unidireccional como en la pasada década; está lleno de alternativas por cuanto la máxima de “los mejores equipos en las mejores carreras” ya no es lo excepcional sino lo habitual. Buena muestra de ello es esta San Remo donde cada uno de los ocho corredores que se jugaron el triunfo pertencen a una escuadra distinta.

Contrariamente a lo acostumbrado en la Classiccisma, la carrera de verdad inició a casi cien kilómetros de meta; la fuga lejana no murió al pie de la Cipressa, sino recién terminado el descenso de Le Manié, la segunda subida de mayor entidad de la carrera tras el Turchino. Y no fue tanto por la dureza intrínseca del repecho, sino por las circunstancias que lo rodearon: una montonera en su inicio detuvo a medio pelotón, incluyendo al favorito Thor Hushovd, y un asfalto húmedo en el descenso eliminó a Freire y el equipo Rabobank al completo, que como ya conté en la previa está pagando ciertos problemas con las cubiertas de sus ruedas.

La carrera estaba ya servida: esta Milán - San Remo iba a ser de las largas. La cincuentena de hombres que había quedado por delante distanció al resto propulsada por el colmillo Leopard Trek de Cancellara y Bennati. Tomaron el relevo Omega Pharma (Gilbert, Greipel), Katusha (Pozzatto) y BMC (Ballan) para desesperación del conglomerado de escuadras que buscaba la fusión del pelotón.

La distancia entre ambos grupos se mantuvo entre uno y dos minutos hasta el pie de la Cipressa, momento en el cual el pelotón trasero fue dinamitado por un Scarponi superlativo, probablemente el hombre más fuerte del día. Impresionó el momento en el cual el corredor de Lampre encendía la mecha y sacaba de punto progresivamente a quienes viajaban a su rueda, impotentes ante una ‘grinta’ que llevaba al blu-fucsia a trazar las curvas de la subida como si de un descenso se tratara. Finalmente, Scarponi culminó su exhibición el llano previo al Poggio, reintegrándose en un grupo delantero cuyos componentes saludaron su machada con admiración.

El segundo ataque para el recuerdo del día llegó en pleno Poggio. Cuatro corredores se habían marchado por delante y tomado medio minuto de ventaja ante el pasmo general de unos favoritos indecisos: Van Avermaet (BMC), O’Grady (Leopard), Chainel y Offredo (FDJ). Vincenzo Nibali decidió tomar cartas en el asunto, en principio buscando ayudar a su coequipier Peter Sagan; dio un primer tirón y cesó al no encontrar a su rueda al eslovaco. Después vino un segundo demarraje; éste no se interrumpió hasta coronada la subida. Nibali, en una demostración de clase, rebasó a todos los fugados excepto a un Van Avermaet crecido que encaró la bajada hacia San Remo con quince segundos sobre ‘lo Squalo’ y un grupo de favoritos en el cual Cancellara, encendido, tomó la responsabilidad.

En apenas un par de kilómetros, el belga vio finalizada su aventura. Apenas restaban tres mil metros, de inclinación favorable, y ocho superclases cuyas escuadras habían trabajado todo el día en espera de este momento histórico. Ballan, Cancellara, Gilbert, Goss, Nibali, el valiente Offredo, Pozzatto y el inconmensurable Scarponi. Los estacazos se sucedieron: cada ataque fue neutralizado y respondido en tres minutos de ciclismo ofensivo, sin horizonte más allá del Lungomare.

A 300 metros de meta Scarponi probó buscando la sorpresa, pero halló rápidamente la respuesta de un Gilbert cuya táctica era similar, Goss y Cancellara. En un esprint de pura fuerza, con todos abiertos cara al aire a falta de casi 150 metros, el australiano de HTC se llevó el gato al agua. Esta mañana había tuiteado su desayuno: “Pasta, cereales y un poco de café... ¡Espero que me lleven a la meta!”. En realidad, lo han llevado directamente a la historia y le han asegurado un puesto como líder del futuro GreenEdge. Es la justa recompensa por ganar una San Remo de las largas, que va a durar lo que duran las leyendas.

viernes, 18 de marzo de 2011

Sobre la carta abierta de Pat McQuaid y el ocaso de la UCI

Pat McQuaid se ha ganado a pulso que se mire con sorna cualquier cosa proveniente de su despacho. Su larga historia de desmanes, golpes de timón y declaraciones improcedentes le ha granjeado una imagen de impresentable entre quienes observamos con miedo los bandazos de la UCI. Mi percepción sobre el actual presidente de la UCI se resumía en la foto que aparece debajo y el pie que le puso inrng: “The left or right foot?”. De risa.


Por ello, cuando he visto en Biciclismo una ‘Carta abierta de Pat McQuaid a los corredores’ se me ha dibujado una sonrisa en el rostro. He empezado a leerla buscando el primer desvarío del irlandés y, progresivamente, el ánimo socarrón se ha tornado en reflexivo. Hacia mitad de la carta había leído unos cuantos argumentos en favor de la polémica decisión de suprimir los pinganillos cuya trascendencia era enorme dado el cargo ostentado por quien los emitía. También se revelaban públicamente detalles hasta ahora oscurecidos sobre la toma de la decisión. El texto era expositivo y hasta convincente.

Entonces llegué a los párrafos en los cuales McQuaid acusaba a los corredores de consentir el dopaje. Y también a aquellos donde de alguna manera les incitaba la rebelión contra sus superiores. Ridículo. Si Pat fuera un adiestrador de perros, su método consistiría en pegar a las mascotas y después incitarlos a morder a sus dueños. El resultado de ello sería, probablemente, que los canes lo intentarían destrozar a mordiscos. Y en este caso, francamente, no me sorprendería que sucediera algo análogo con los corredores y la UCI. McQuaid perdía una vez más una batalla de poder en el campo de la comunicación...

Sin embargo, el punto más interesante estaba aún por llegar. En su carta, Pat McQuaid da por primera vez pábulo público a los rumores que señalaban un posible cisma dentro del ciclismo mundial a través de la escisión de algunos equipos, que se sienten ninguneados por la Federación y legítimos dueños de una parte importante del trozo de pastel económico que ésta se lleva, para crear una nueva liga ciclista paralela. Johan Bruyneel, con periódicos tuits en este sentido, es uno de los principales instigadores. Los combativos miembros de la AIGCP, con Jonathan Vaughters a la cabeza, podrían estar detrás también del ‘World Cycling Tour’ mentado por McQuaid. Claro que ese ‘WCT’ sin carreras no sería nada. Ayer Vaughters tomó café con Angelo Zomegnan, cabeza de RCS. ¿Especulamos?

¿Perderá la UCI de McQuaid el mando del ciclismo mundial? No sería descartable. En muchos deportes poderosos económicamente mandan los equipos por encima de las federaciones, que sobreviven como legisladoras ocasionales y renuncian a gran parte de su poder para sobrevivir y seguir sacando tajada económica del ‘circo’ donde antes eran promotores. En España podemos observar el caso del fútbol (donde es la LFP, y no la RFEF, quien organiza y gestiona la Liga) o el baloncesto (ACB), y algo similar se pude extrapolar a competiciones anglosajonas importantísimas a nivel mundial como la Premier League o las cuatro grandes Ligas americanas. Creo que, con el traspaso de poderes a los equipos, el ciclismo daría un paso natural. La duda es, conociendo cómo se ha regido hasta ahora nuestro deporte, si esto será a la larga positivo o negativo.

Ocho horas en quince minutos

Milán - San Remo es una carrera extraordinariamente normal. Su perfil es, sobre el papel, absolutamente anodino: casi trescientos kilómetros llanos con unas cuantas subidas, apenas repechos, dispersos a lo largo de la carrera. Los últimos compases de la prueba, como los de muchas otras desde que el Giro pusiera de moda los finales nerviosos para dificultar los esprints excesivamente controlados, tienen dos subidas reseñables. Para los escarceos de valientes con afán de protagonismo y el sufrimiento de los velocistas puros está la Cipressa, coronada a 22 de meta. Para los verdaderos favoritos sin fe en su esprint está el Poggio, cuatro kilómetros de repecho suave tras cuya cima quedan apenas seis mil metros, vertiginosos, de terreno favorable hasta la meta del Lungomare Italo Calvino donde, de no prosperar los demarrajes, se jugarán la victoria los esprinters.

El recorrido de Milán - San Remo no es, pues, excepcional. De hecho, el desarrollo no tiene más secretos que los expuestos. No hay encerronas, ni posibilidad de ataques lejanos. La carrera dura ocho horas, pero se resuelve en los quince minutos que se tarda en subir y bajar el Poggio... Quince minutos, eso sí, especiales, vibrantes por la leyenda que llevan asociados tras 102 ediciones de la que no en vano es llamada la Classiccisima. Carreteras estrechas y una pléyade de corredores con lo más granado del pelotón mundial, peleando a codazos por situarse lo mejor posible y lanzarse hachazos en una prueba cuya dureza viene dada por los ciclistas y su conciencia de que quien gana en San Remo pasa a la historia del ciclismo, llámese Eddy Merckx (siete veces vencedor de la prueba) o Marc Gómez (el primer cántabro en ganarla).



La gran incógnita de este año, la de siempre desde que en los cincuenta se añadieran repechos al tradicionalmente llano trazado de la carrera, es si triunfará una escapada fraguada en el Poggio o si se decidirá todo al esprint. Los precedentes apuntan a lo segundo: de las diez últimas ediciones de la Classiccisima, siete se han resuelto en una llegada masiva, tres de ellas a favor de Óscar Freire.

En una edición de pronóstico abiertísimo, el cántabro es seguramente el máximo favorito tras imponerse en dos etapas de la Vuelta a Andalucía y esconder un buen golpe de pedal en Tierreno-Adriático. En su contra jugarán la debilidad de sus coequipiers (sólo un hombre de progresión sorprendente, Sebastian Langeveld, parece con el fondo suficiente para estar junto a él) y quizá la lluvia, toda vez que su equipo Rabobank está teniendo problemas con sus ruedas en determinadas circunstancias meteorológicas como sintieron en la pasada París-Niza. En su favor, aparte de sus condiciones físicas, están su perfecto conocimiento del terreno al cual se enfrenta y el interés de otros equipos por forzar el esprint masivo: el Lampre de Petacchi (ojo a su coequipier Gavazzi), el Quick Step de Boonen, el HTC-Columbia de Cavendish (y Goss)... Y Garmin-Cervélo.



En la actitud que tomen los chicos de Vaughters residirá una de las claves de la carrera del sábado. La escuadra americana cuenta con tres candidatos a la victoria: el velocista Tyler Farrar, el campeón del mundo Thor Hushovd y el ambicioso Heinrich Haussler, que ya ha dejado constancia en su blog de Cyclingnews de que no va a San Remo “a hacer segundo o tercero”. La decisión que tome Garmin de jugar la baza del esprint o alentar los ataques y participar de ellos marcará en gran medida la prueba, habida cuenta de que es el único equipo con talento suficiente en sus filas para bloquear la Milán - San Remo.

Frente a todos los velocistas estarán los clasicómanos puros, todos aquellos hombres cuyas piernas han sido afinadas en Tirreno-Adriático y París-Niza con la mente puesta en el pavé o las Árdenas, cuyas opciones pasan por salir victoriosos en la batalla del Poggio. En esta categoría destacan tres corredores que han transmitido sensaciones excepcionales: el recuperado Allessandro Ballan de BMC, el impresionante Philippe Gilbert, con André Greipel como coequipier en Omega Pharma, y Fabian Cancellara, dispuesto a dar la primera victoria de prestigio a su Leopard Trek con Bennati en la recámara. A ellos podemos sumar la terna de Katusha (Di Luca, Pozzatto, Kolobnev), el ‘tricolore’ Visconti y las opciones de sorpresa de españoles como Flecha (Sky), Rojas o Ventoso (Movistar), quienes arriban a la prueba italiana con mucha competición en las piernas, para completar el paisaje de opciones y favoritos.

De los jóvenes aspirantes a saltar a la élite es mejor hablar poco. El ciclista de CSF Sacha Modolo tendrá complicado repetir su cuarto puesto del año pasado, mientras otras promesas como Sagan, Matthews, Boasson Hagen... probablemente sufrirán la longitud de una Milán - San Remo poco apta para los jóvenes. El primer Monumento de la temporada suele premiar con un pase a la historia a corredores contrastados, capaces de mantener el tipo durante ocho horas y actuar sabiamente en los quince minutos decisivos.

Fotos: Arueda.com y flickr de Garmin-Cervélo

sábado, 12 de marzo de 2011

Desheredados con esencia de Vinokourov

Del mismo modo que la conducta de un grupo es reflejo de su líder, en ciclismo cada equipo emana el carácter de su líder. En las dos carreras que se están desarrollando estos días, Tirreno-Adriático y París-Niza, hemos podido ver el trabajo ordenado del Movistar de Unzué, la clase sin coraje del Leopard de los Schleck, la diáfana eficiencia del Garmin de Vaughters, la agilidad del Lampre de Saronni, el descaro del Farnese Vini de Visconti...

Pero, si un equipo ha mostrado una personalidad colectiva identificable por encima del resto, ése ha sido Astaná. La escuadra, teóricamente dirigida por Giuseppe Martinelli, nace auspiciada por y para Alexandre Vinokourov. A resultas de ello, la huella de la estrella kazaja marca la táctica colectiva, e incluso a todos y cada uno de los componentes de la plantilla. Astaná es pura esencia de Vinokourov: ataque desaforado, valentía, arrojo: unas condiciones donde la fuerza prevalece sobre la clase.


Sirva este sábado cómo botón de muestra. En Tirreno-Adriático, Gorazd Stangelj ha estado fugado más de doscientos kilómetros y ha sido reemplazado después en cabeza de carrera por ataques poco efectivos pero apreciables del joven talento australiano Simon Clarke y el italiano Enrico Gasparotto. En París-Niza, el propio Vinokourov ha tomado el toro por los cuernos al inicio de la etapa para romper el pelotón. Posteriormente, Remy Di Grégorio ha realizado una cabalgada en la última decena de kilómetros, con Movistar tirando por detrás y una carretera en condiciones deplorables que casi le cuesta una caída como a su compañero Robert Kiserlovski, que terminó debajo de una furgoneta.

Astaná es, también, un equipo de deshereados. Como el ganador de hoy, Di Grégorio: joven promesa en FDJ, descartado y bajado del pedestal en medio de un run-run de desaprobación. Como Gasparotto: apartado de Liquigas hace unos años por tener la osadía de birlarle a Di Luca una ‘maglia rosa’ y, desde entonces, peregrinó por diversos equipos hasta encontrar acomodo en Astaná. Como Kreuziger: sus capacidades físicas crearon una gran expectación diluida entre el enorme potencial de Liquigas, de donde salió por la puerta de atrás buscando “aire nuevo”. Como Kessiakoff: genial debut en carretera con Footon, absolutamente anónimo en Garmin... Como Vinokourov: positivo, dos años de sanción, vuelta al primer nivel y abucheos y suspicacias por doquier.

La victoria de Remy Di Grégorio en la séptima etapa de París - Niza ha sido la primera de la temporada para Astaná. A buen seguro no será la última; a buen seguro, también, le seguirán pocas más. En general, en la plantilla kazaja abundan la garra y la fuerza pero existe cierta carencia de instinto ganador. Síntoma de ello es que su mejor ‘killer’, Allan Davis, sólo ha ganado en los últimos 25 meses una carrera, los Juegos de la Commonwealth. A la escuadra celeste probablemente le espere un año parco en victorias. Por algo son desheredados. Pero también será una temporada prolífica en ataques y demostraciones de coraje. Por algo llevan la esencia de Vinokourov.

Foto: steephill.tv

martes, 8 de marzo de 2011

El niño del taladro

En plenos primeros compases competitivos de la temporada 2011, el TAS nos ha recordado hoy la miserable existencia del dopaje emitiendo su veredicto respecto de un oscuro caso que llevaba dormido desde noviembre de 2010. La imputación a Franco Pellizotti de una manipulación sanguínea al encontrársele valores anormales en su pasaporte biológico había sido desechada por el CONI, habitualmente riguroso en asuntos de dopaje, y llegó al tribunal suizo impulsado por una UCI que temía ver definitivamente desacreditado su programa estrella para la lucha contra la ponzoña de nuestro deporte.

El recurso llegó a Suiza en noviembre de 2010, fue visto durante cinco meses y venció hoy 8 de marzo de 2011, diez meses después de que las sospechas se hicieran públicas (mayo de 2010) y unos veintiuno más tarde de que éstas comenzaran a albergarse (junio de 2009). La lentitud de los plazos ha sido exasperante y perjudicó al ‘delfín de Bibione’, que aun habiendo resultado absuelto ya hubiese perdido prácticamente una temporada de su vida deportiva. Con la sanción recibida, serán dos y gracias a que el conteo inicia con el anuncio oficial y no desde el dictamen. Y, además, con anulación de todo lo conseguido desde mayo de 2009, un mes antes de que se sospechara de él.

Este proceso resulta ejemplar por varios motivos. Primero porque resalta la lentitud de los procesos antidopaje; y después porque deja claro que las sanciones no siguen un protocolo estricto (¿por qué quitar a Franco su podio en el Giro 2009?), sino que van definiéndose en función de conveniencias puntuales.

Sabiendo esta última condición, dejar a la UCI con el pasaporte biológico como instrumento sancionador es como darle a un niño un taladro para que juegue: peligroso e incontrolable. Una vez legitimado su método, a la UCI le bastará de ahora en adelante con enjuiciar valores sanguíneos sin posibilidad de contraste público y suspender a quien sea preceptivo o a quien interese, que sea sancionado o no ya habrá sido perjudicado por los desmanes de la Federación. El TAS le ha regalado a la gente de Aigle una vía para ejercer su poder de forma despótica y casi inapelable, un peligro cuando quien detenta actúa con sus propias normas y encima las vulnera cuando le apetece.

Qué miedo tiene que estar pasando Contador pensando en que su caso pueda dar otro bandazo hacia el TAS. Qué miedo da un niño con un taladro en las manos. Qué miedo da la UCI.

lunes, 7 de marzo de 2011

"Somos una generación muy buena"

Cuando a principios de año hablaba sobre Michael Matthews (1990, Australia), avisaba de que no tardaría en destacar y, probablemente, ya en el Tour Down Under brillaría “por primera vez a la altura de los mejores”. No me equivoqué. Pero lo cierto es que la apuesta era sobre seguro.

‘Bling’ llegaba al profesionalismo encuadrado en Rabobank y con la vitola de joven y destacada promesa del ciclismo mundial. Era de esperar, pues, que consiguiera buenos resultados desde el principio. Sin embargo, quizá no fueran tan obvios la multitud de puestos de honor conseguidos y las dos victorias de etapa acumuladas; en eso Matthews, a quien le han diseñado un calendario prácticamente a medida, superó las expectativas tal y como lo vienen haciendo casi todos los jóvenes de una generación, la de 1989 y 1990, que promete hacer historia. Resultaba obligado hablar con él en la línea de salida de la Clásica de Almería del pasado domingo para repasar sus hitos de este inicio de temporada y echar un vistazo al futuro.


Tu manera de iniciar la temporada ha sido impresionante…

Sí, desde luego. Comencé con una victoria en un critérium en Australia, después una etapa en el Tour Down Under, luego un par de podios en Algarve unas semanas después... Ha sido un gran inicio de temporada.

¿Lo esperabas?

No, definitivamente no. En realidad, no tenía muchas expectativas: ver cómo me adaptaba al ritmo de los profesionales y si acaso intentar luchar por alguna victoria más adelante... Y claro, empezar ganando ya una carrera me deja un sabor de boca genial.

¿Dónde vas a continuar esta campaña tan impresionante?

Iré a la Vuelta a Murcia [se impuso en la primera etapa] y después tomaré parte en algunas clásicas de pavé. Aparte, en mayo iré seguramente a la Vuelta a California.

¿Clásicas de pavé? ¿Quieres probar para centrarte en ellas en un futuro?

No; no estoy más seguro, sólo pienso en probarlas. De momento mi mejor cualidad ha demostrado ser la punta de velocidad. Ya he derrotado a grandes esprinters en carreras duras con llegadas masivas y pienso que esa es la faceta que explotaré por el momento.

La pasada temporada fue impresionante para ti, con un momento culminante en el Mundial sub23 donde te impusiste. En pocas palabras, ¿qué sensaciones te trae el recuerdo de ese día?

Gané en mi casa delante de mi gente: fue un sueño hecho realidad.

En aquella carrera copásteis los primeros puestos corredores como Degenkolb, Lobato o tú mismo que esta campaña habéis debutado como profesionales con buenísimos resultados... ¿Crees que tu generación va a dominar en un futuro próximo el pelotón?

La temporada pasada estábamos alrededor de una decena de ciclistas en mi categoría con un talento enorme que además realizamos algunas actuaciones fantásticas. Efectivamente pienso que somos una generación muy buena y en un par de años estaremos ahí arriba... Sin embargo, de ahí a decir que dominaremos hay una diferencia significativa. Más bien creo que tenemos calidad y llegaremos hasta donde podamos.

¿Cúantos años has firmado con Rabobank?

Dos temporadas: 2011 y 2012

¿Qué hay del nuevo equipo australiano que se está preparando de cara a la próxima campaña, GreenEdge?

No sé demasiado en torno al tema. Shayne Bannan, uno de los hombres fuertes del ciclismo australiano, lo está proyectando. Creo que va a ser un gran equipo y parece que en los próximos meses va a empezar a tener presencia en los medios, pero no sé mucho más allá de esto.

Por último, ¿dónde esperas brillar con más fuerza en un futuro?

No estoy seguro de qué quiero hacer en el ciclismo todavía. De momento pienso en coger experiencia y disfrutar del momento.

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