miércoles, 28 de septiembre de 2011

El giro de Caja Rural

Hace dos temporadas llegó al ciclismo español un soplo de aire fresco con el nacimiento de Caja Rural. Un equipo idílico, sin limitaciones por motivos de procedencia, con la intención de apostar por los jóvenes y de crecer en un futuro hacia categorías superiores teniendo como principal objetivo la formación de talentos. En consonancia con estas intenciones, ya en 2010 su plantilla reunía algunas de las mayores promesas del pelotón nacional: José Herrada, Rubén Martínez, Egoitz García, Gari Bravo, Higinio Fernández, Arturo Mora, David de la Cruz... En 2011, la nómina se vio ampliada con nombres como Javi Moreno, Diego Milán o Víctor de la Parte.


Mikel Azparren (izq), junto a Juanma Hernández, patrón de Caja Rural. Foto: Team Caja Rural

Esta línea no tendrá continuidad directa en 2012. “Vamos a dar un pequeño giro al equipo”, explica el máximo responsable deportivo de Caja Rural desde el pasado invierno, Mikel Azparren. “No vamos a renunciar a la formación, pero intentaremos que las cualidades de los jóvenes talentos se desarrollen aquí redunden en nosotros. Esta temporada no se han conseguido suficientes resultados [Ed: sólo dos victorias,  etapa y general de la Vuelta a Asturias a cargo de Javi Moreno] y estos son necesarios para cualquier equipo deportivo”. Para ello, el mánager ha afrontado una auténtica revolución en el seno de la escuadra navarra: abandonarán Caja Rural trece de los veinte ciclistas que defendieron sus colores esta campaña y el director deportivo Xabier Artetxe.

Entre las bajas, Azparren comenta tres casos: “Me hubiera gustado conservar a Javi Moreno y José Herrada, pero recibieron oferta de Movistar y ante una propuesta de tal calibre poco podemos hacer. También quería que siguiera Egoitz García, pero pidió la baja [Ed: en el día de hoy se ha conocido su fichaje por Cofidis]”. También abandonan la escuadra navarra buenos esprinters como Diego Milán o Joaquín Sobrino, amén de un buen grupo de promesas como Mora, Fernández o Martínez y un ilustre veterano como Íñigo Cuesta, que puso punto final a su carrera deportiva en la pasada Vuelta a Burgos.

El capítulo de altas inicia con cuatro jóvenes de bastante proyección: dos procedentes del filial, el polaco Karol Domagalski y el panameño Yelko Gómez, y dos venidos desde otras escuadras como el andaluz Antonio Piedra (ex Andalucía, “un buen escalador con un excelente futuro por delante”) y el madrileño Marcos García (ex KTM-Murcia).

Habrá lugar en la escuadra para incorporaciones extranjeras. Por un lado, ligado a la bicicletera Vivélo (nuevo espónsor de Caja Rural, según anunció la semana pasada en su web) llega el búlgaro Danail Andonov Petrov (ex Konya). Por otro, dos lusos sobre los cuales Azparren posa bastantes esperanzas, Hernani Broco (ex LA-Antarte) y André Cardoso (ex Tavira). “Broco es un corredor ya curtido al cual daremos esta temporada la oportunidad de demostrar su valía fuera de su país. Cardoso, por su parte, es una promesa importantísima, un excelente escalador que este año fue capaz de terminar segundo en la Volta a Portugal”.

Respecto a las incorporaciones restantes para completar la plantilla “de entre dieciséis y dieciocho ciclistas” con la cual desea contar el rector de Caja Rural, la rumorología echa humo. Azparren admite “haber preguntado por la situación de muchísimos corredores” y rechaza comentar ningún nombre en particular, si bien da una pista: “tengo intención de contratar algún esprinter ganador”. En este perfil encaja uno de los ciclistas a los cuales se vincula con más insistencia a la formación navarra, el actual componente de RadioShack Manuel Cardoso.

Durante la entrevista telefónica, Azparren también comentó dos salidas controvertidas de Caja Rural, Jordi Simón y Xabier Artetxe. De la jovencísima promesa de origen catalán, que ha abandonado el conjunto filial para firmar por Andalucía-Caja Granada, el mánager ‘verde’explica: “Le expusimos que casi con total certeza pasaría a profesionales con nosotros en 2012, pero también que no podíamos confirmarle dicho trato al cien por cien. No tuvo paciencia, quería asegurarse ser profesional la próxima campaña y decidió aceptar la propuesta de Andalucía”.

Respecto del preparador vasco, Azparren cuenta que “no se le ha renovado el contrato. En el cuadro técnico del equipo había discrepancias y no existía una confianza plena entre los miembros; es por ello que se prescinde de él, aun sin dudar de su valía profesional”. Preguntado por un posible sustituto de Artetxe en el cargo de director deportivo, Azparren responde que “de momento, contamos con Eugenio Goikoetxea en esa parcela y no sabemos si incorporar a alguien. Por lo pronto quizá tome yo mismo alguna de esas funciones, ya que al fin y al cabo soy el máximo responsable deportivo del equipo”.

Son cambios, entradas y salidas, realizados con el objetivo último de “consolidar la escuadra para poder aspirar a ciertas cotas. El presupuesto va a aumentar, particularmente gracias a nuevos espónsors. Tenemos el reto de crecer y asentarnos, primero, a nivel nacional; y, posteriormente, dar un salto similar a nivel internacional”. Genuina y legítima ambición para construir un Caja Rural que, sin descuidar las jóvenes promesas, sea también un equipo ganador y significativo.

domingo, 25 de septiembre de 2011

Cavendish se impone el arcoiris en el velódromo danés

Mark Cavendish se proclamó campeón del mundo en una prueba marcada absolutamente por su recorrido, que favoreció la determinación de una Gran Bretaña que leyó acertadamente la carrera, trabajó a destajo y propició la inmaculada victoria de su líder.


Inició la prueba, se formó la habitual fuga quijotesca y el combinado británico se situó en cabeza del pelotón. A tirar para controlar una escapada donde se habían filtrado siete corredores de cierto nivel, entre otros un español de carné (Pablo Lastras), uno de adopción (Oleg Chuzda, ucraniano de Canet) y un francés (Anthony Roux). La Alemania de Greipel echaba una mano, pero el peso de la carrera recayó sobre una Gran Bretaña que no rehuía la responsabilidad; al contrario, parecía deseosa de tomarla. De hecho no la soltó hasta que, a menos de cuatro kilómetros de meta, se quedó sin elementos. En esos instantes de debilidad surgió para compensar sus carencias Australia, una aliada perfecta. Los oceánicos recibieron justo premio a su desempeño con la plata de un Matthew Goss cuyo aparente mal estado de forma había apartado de los pronósticos.

El recorrido fue el factor clave del Mundial. El trazado, sinuoso y estrecho en alguna de sus partes, hizo presagiar una gymkana; ciertamente, eliminó a Hushovd en una de esas caídas que perjudican principalmente a quien comete el demérito de circular demasiado mal colocado. Por otra parte el perfil, exagerado por la perspectiva, mostraba un total de tres subidas; ninguna tenía entidad.

Más que un circuito mundialista, la ruta danesa era un velódromo donde los profesionales podían desarrollar sin apenas pestañear velocidades medias superiores a los 45 kilómetros por hora. Ése es un terreno donde los británicos se sienten como peces en el agua. No en vano, el grueso de su cuerpo técnico se formó en el velódromo y seis de sus ocho ciclistas tienen experiencia internacional en disciplinas de pista. Incluso Cavendish vestía un mono y portaba un casco híbrido, materiales a medio camino entre el ciclismo techado y el de aire libre.

Había poco que hacer ante la arrolladora superioridad británica en este terreno; sólo esperar y encomendarse en un acto de fe a que apareciera un velocista capaz de derrotar a ‘Manx Express’. Aun así, hubo quien tuvo arrestos para resistirse a asentir. Como quien ve un oasis en mitad del desierto, hubo quien percibió en la recta de meta una cota donde romper la carrera, aunque lo cierto es que no era más que un repecho, una cuestecita urbana. Allí dejó Italia las fuerzas de los Gavazzi, Visconti o Paolini, quienes aumentaban el ritmo en cada paso buscando fisuras en los británicos. También se la jugaron desde lejos Francia (Voeckler, el citado Roux) y Bélgica (Van Summeren, Kaisen); apenas consiguieron crear una ligera emoción y ganarse cierta honra. El resto, cabezas de cartel como Cancellara o Gilbert incluidos, decidieron guardarse hasta la recta de meta.

El único momento en el cual cesó el dominio británico sobrevino a unos cuatro kilómetros de meta. Un Bradley Wiggins magnífico en el día de hoy se apartó, dejando a sus coequipiers Ian Stannard y Geraint Thomas con la misión de cubrir a Cavendish la distancia restante hasta meta. Era imposible realizar ese trayecto en cabeza y, con buen juicio, se apartaron para obligar a cualquier otro combinado a hacer la labor. Australia tomó el testigo, mientras la inercia de los gregarios colocando a sus velocistas en posición ventajosa contribuía al vértigo general.

Fue en ese momento cuando España realizó el que sería su único movimiento de valor en los kilómetros finales, convertido en error por las circunstancias. A dos kilómetros de meta, Juan Antonio Flecha avanzó hasta cabeza del grupo con Óscar Freire a su rueda para colocarlo en la práctica ‘pole position’. Cuando cesó en su esfuerzo, a falta de algo más de 700 metros para el inicio del repecho final, Freire quedó totalmente expuesto. Faltó en ese momento un hombre de apoyo para el cántabro, pero Rojas tiene una impericia posicional preocupante y Reynés se había caído unas vueltas antes, junto a Hushovd, viéndose forzado a abandonar. Freire se quedó solo, con decenas de poderosos esprinters que aguardaban agazapados a su rueda a que él tragara viento en la segunda posición del pelotón, apenas cubierto circunstancialmente por un Chris Sutton que bregaba en favor de Matthew Goss. Una vez éste se apartó, el tres veces campeón del mundo quedó cara al aire y se escoró hacia el lado izquierdo de la calzada despidiéndose de su cuarto arcoiris.

A su derecha se desató la ‘volata’. Heinrich Haussler inició el lanzamiento con el jovencísimo eslovaco Peter Sagan y su líder Goss a rueda. Circulaban pegados a la barrera, dejando apenas un pequeño hueco que tapaba Daniel Oss, sacrificado infructuosamente en pos de Daniele Bennati. Cuando el rubio italiano abrió la puerta, Cavendish cruzó el umbral. Goss tuvo la oportunidad, apenas dos o tres segundos, de cerrársela; no se decidió, prefirió esperar que ‘Manx Express’ le rebasara para coger su rebufo, y erró.

Finalmente, Cavendish hizo valer el meticuloso trabajo de su selección para imponerse al australiano, quien acabó lanzado pero no lo suficiente. Ocupó el tercer cajón un André Greipel portentoso, que inició la ‘volata’ pésimamente colocado y fue el más rápido en los 100 metros finales, birlando por apenas medio tubular el bronce a un Fabian Cancellara que, bruto como acostumbra, esprintó sentado. Se consumó así un podio formado por ciclistas cuya explosión deportiva sobrevino en el próximamente difunto HTC - HighRoad, auténtico dominador de la suerte suprema del esprint en los últimos años. Su testigo viajará, junto con Cavendish y el maillot arcoiris, al galáctico Team Sky.

Foto: Cyclingnews

Las claves de Copenhague

Jugando a razonar tácticas

+ El punto más importante del recorrido es, obviamente, el repecho final. Son apenas 500 metros al 6%, pero se sube 18 veces y está enmarcado en un circuito mayormente llano a pesar de tener algunas cuestecitas pero caracterizado, sobre todo, por lo nervioso y técnico que es. Si se recorre con rapidez (todo hace indicar que así será) puede acabar pesando en las piernas de los esprinters más puros.

+ El esprint final no es sencillo de leer. Habrá muchos interesados, muchas ruedas a seguir, y el pelotón no será excesivamente ancho. Habrá, por tanto, quien se tenga que jugar una volata larga de más de 200 metros; ése tendrá pocas opciones de ganar frente a los que suban mejor colocados, o con compañeros de equipo, o con gente que les haga el trabajo sucio... En ese sentido los dinamiteros, corredores tipo Gilbert o de menor enjundia que atacasen al pie de la subidita, podrían hacer perder la carrera a más de uno... o servirle la victoria en bandeja.

+ Los velocistas que se jueguen la victoria en un hipotético esprint dependerán, en gran medida, del ritmo al cual se suba el dichoso repecho. Si se fuerza un poquito en las últimas vueltas, entre la subidita y la distancia serán eliminados aquellos con menor polivalencia o estado de forma como Matthew Goss, Tyler Farrar, Edvald Boasson Hagen, Marcel Kittel o Denis Galimzyanov. Si se pone un puntito más pasarán ciertos apuros hombres como Juan José Haedo, André Greipel o el a priori gran favorito Mark Cavendish.

+ Hay tres tipos de selecciones: ofensivas, defensivas e intrascendentes. Las ofensivas son aquellas que tendrán que forzar el paso, atacar desde lejos, con objeto de endurecer la carrera para favorecer a sus líderes y perjudicar a los hombres fuertes de los conjuntos defensivos. A grandes rasgos, podemos distinguir claramente a cuatro combinados ofensivos (Francia, Italia, Holanda y Bélgica) y cuatro defensivos (Gran Bretaña, Alemania, España y Australia). Unos llevarán la iniciativa; los otros deberán sufrir marchando a contrapié.

+ Por todas estas circunstancias, caben tres resoluciones: esprint masivo (grupo de unos sesenta u ochenta ciclistas), esprint reducido (entre treinta y cuarenta ciclistas, cribados por el repecho, la distancia y el ritmo) o fuga (entre cuatro y diez ciclistas que se destaquen por distintos ataques y circunstancias tácticas). Esta última opción es la interesante para los países ofensivos, aquellos de Voeckler, Offredo, Boom, Oss, Modolo... Cancellara.. Gilbert... La dificultad: esa fuga deberá tener elementos capaces de contentar a todas las selecciones trascendentes, o de mantenerlas a raya.

+ Dicho esto, a mi parecer la resolución más probable es el esprint masivo, reducido de facto por cuanto pienso que sólo llegarán con capacidad para ganar diez ciclistas como mucho. Y francamente no creo que entre ellos se encuentre Cavendish. En estas condiciones, los favoritos lógicos serían Thor Hushovd, Óscar Freire y Peter Sagan. Sin embargo, yo tengo uno particular: Daniele Bennati. Va a ir protegido todo el día a rueda de británicos y españoles, amparado por la ofensividad de sus compatriotas; llega en un excelente estado de forma; y tiene las condiciones ideales para esprintar con solvencia 100 metros picandito hacia arriba cara al aire. Es mi apuesta.

+ Respecto de posibles sorpresas aún no mentadas en este análisis, cinco nombres. Para la resolución en fuga, Rui Costa; para el esprint reducido, los eslovenos Grega Bole y Jure Kocjan; para el esprint masivo, Sacha Modolo y (mucho ojo) Yauheni Hutarovich. Todos llegan en bastante buena forma y tienen aptitudes suficientes para colarse en el podio de resolverse la carrera de un modo más o menos favorable para ellos.

jueves, 22 de septiembre de 2011

La anécdota del reinado contrarreloj

Murió la hegemonía de Fabian Cancellara en la llanura danesa y se estremeció un dogma que, como todos, por duradero se antojó eterno cuando en realidad estaba destinado a persistir sólo mientras persistieran también las circunstancias; en este caso, que el gigante suizo mantuviera sus máximas condiciones físicas y no encontrara un rival apreciable.

Este año ambas condiciones cesaron. ‘Espartaco’ no es exactamente el de siempre, y frente a él encontró a un Tony Martin avasallador, deseoso de arrebatarle el cetro de mejor contrarrelojista del mundo. El alemán llevaba tres años buscando la debilidad del suizo, o más bien la propia fortaleza que le permitiera superarlo, y ha encontrado ambas esta temporada como avisó en los esfuerzos en solitario de Tour y Vuelta. Su salto de calidad es innegable, lo atestiguan siete victorias contra el crono en 2011 y la señal de madurez que transmite en cada una de sus pedaladas, ya sea buscando éxitos propios o trabajando en pos de aspiraciones ajenas.


Igualmente impepinable es el receso de la excelencia de Cancellara, expresado en una campaña menos triunfal de lo acostumbrado en la cual sólo consiguió tres victorias en carreras de Primera División, su peor marca desde que dejara Fassa Bortolo en 2005. El motivo no parece físico (sus exhibiciones en las Clásicas del Norte siguieron la línea acostumbrada), sino más bien un malestar con las evoluciones de su Leopard Trek que impulsa a su cabeza a limitar el rendimiento y la recuperación de sus piernas. Quizá el ambiente amable de la escuadra luxemburguesa no sea el que ‘Espartaco’ necesita; Bruyneel, probablemente, tampoco. ¿Volverá al Saxo Bank de Bjarne Riis y Alberto Contador?

Una vez aupado Tony Martin a la cumbre de la especialidad por excelencia del ciclismo, la lucha contra el cronómetro sin factores competitivos ajenos que puedan distraer el resultado en un sentido u otro, queda razonar quién le hará frente en el futuro en ella y alumbrar el devenir de ésta. En el podio de hoy, infiltrado entre proclamado y destronado, figuraba un Bradley Wiggins extraordinario, que ha remachado con esta meritoria plata mundialista una temporada soberbia en la cual anotó también en su palmarés el Dauphiné, el campeonato nacional británico y el tercer cajón del podio de la Vuelta. Quinto se situó una joya llamada Jack Bobridge (22, próximamente en GreenEdge); un poco más lejos, pero aún entre los veinte primeros, un buen puñado de menores de 25 años (Oliveira, Sergent, Phinney, Talansky, el español Castroviejo) llamados también a discutir el reinado de Martin en un par de años.

La triste circunstancia es que este reinado es cada vez más anecdótico. La deriva del ciclismo actual, donde el aspecto deportivo va cediendo paulatinamente su preponderancia al televisivo, marca una tendencia alcista para la llegada nerviosa y el final en alto a cambio de un declive para el esprint y las contrarrelojes. Se devalúan las facetas técnicas para dar cancha a las más comprensibles para el gran público.

Desde el “ridículo” de Menchov ganando una Vuelta a España en una crono por las autovías aragonesas se acentuó la sensación de que los organizadores perciben como un oprobio que un contrarrelojista gane su carrera. Se han esforzado para que no vuelva a suceder y restan temporada a temporada kilómetros a esos parciales tan poco vendibles. Hace diez años ser especialista contra el crono suponía contar con la opción de hacer una buena general en una prueba por etapas; ahora sólo es positivo para una de las jornadas. Se trata de una evolución que, tristemente, resta alternativas al desarrollo de las carreras y empobrece al ciclismo al degradar a la mera anécdota duelos como los que quizá pudiéramos degustar la próxima temporada entre dos corredores sublimes como Tony Martin y Fabian Cancellara. Una alegría para el responsable de márketing que constituye una pena para el aficionado entendido.

sábado, 17 de septiembre de 2011

La descendencia de la Vuelta

El pasado domingo, hace ya casi una eternidad, terminó la Vuelta a España. La conclusión general y prácticamente unánime fue que durante estas tres semanas se había vivido en la piel de toro una carrera tan preñada de emociones como huérfana de figuras. Por alguna razón, la calificación del espectáculo rozaba el sobresaliente (lo ponían en duda unas etapas finales descafeinadas por la falta de terreno decisivo) pero era rebajada por la ausencia de grandes nombres, corredores que por sí solos llamaran a los aficionados.



El eterno complejo de la gran ronda española

Hay dos clases de competiciones: las que viven de la presencia de estrellas y las que fabrican referentes. Que una carrera tenga una u otra aura viene de una serie de condicionantes de los cuales emanan lo que podríamos definir como ‘estatus’ de la prueba: tales son su historia, su recorrido, el arraigo que ésta tenga entre el público, la atención que le presten los Medios de Comunicación... La Vuelta, por distinas razones, nunca estuvo segura de que su historia fuera lo suficientemente lustrosa como para equipararse con otras carreras de similar caché, al menos sobre el papel, como las otras dos grandes rondas o los Monumentos. Tampoco tuvo la certeza de contar con el apoyo del público, ni de los Medios; ni siquiera se sentía cómoda con su recorrido y planteaba incluso encerrar sus contrarrelojes en tibios pabellones, cambiando la carretera y la brisa por bicicletas estáticas y el más absoluto de los bochornos.

Todo era hijo del complejo, del miedo a no ser lo deseado, de no poder compararse honrosamente con el Tour o, al menos, con el Giro. Tras unos años de cierto sonrojo, donde el nivel deportivo de la prueba fue cayendo hasta límites poco saludables, cambió la cúpula de Unipublic y con ello viró el rumbo. La entrada en las oficinas de ASO, organizadora del Tour de Francia, se saludó con cierta reticencia: había miedo de que los franceses convirtieran la Vuelta en una hermana pequeña, un ‘sparring’. Es pronto para saber si está siendo así; sólo la perspectiva, el paso de los años, nos permitirá analizar el curso de los hechos y su realidad. Pero sí se pueden ver cambios positivos en la gran ronda española.

Con la excepción de la historia, un parámetro insubsanable de un año a otro, la Vuelta ha registrado mejoras en todos los aspectos concernientes al estatus: los Medios le prestan atención y dedican portadas a lo acaecido en ella; los recorridos son más osados y entretenidos que la propuesta de autovías existente a inicios de siglo; incluso el público se vuelca con un espectáculo que, sobre todo en casos como el de País Vasco, se echaba de menos.

El aura de la Vuelta es distinta y mejor. Un buen síntoma de ello es que, al no contar con figuras de relumbrón disputándose el triunfo, las ha creado. Juan José Cobo y Chris Froome son ahora nombres de cierto calibre cuyo fichaje ha sido discutido en el seno de muchas escuadras. Cierto es que en el caso del ‘Bisonte de la Pesa’ es complicado hallar un hogar lejos del candor de ‘Matxin’ y hay pocas dudas en torno a su renovación con Geox; cierto es, también, que Froome finalmente no ha cambiado de estructura y continuará en el Team Sky junto a su “inmejorable mentor” Bobby Julich. Pero el caché de ambos ha subido hasta cotas inimaginables gracias a su excelente desempeño en una Vuelta a España cuyas emociones han dado a luz dos estrellas de nivel mundial que serán observadas con la lupa del respeto allá donde se presenten a partir de ahora. ¿Hay mejor descendencia para una carrera acomplejada de su aura?

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