miércoles, 26 de octubre de 2011

La historia de los puntos de Mehdi Sohrabi

Ha sido el gran nombre de las últimas horas en el mundo del ciclista. Mehdi Sohrabi ha sido la clave para la entrada de Lotto en el UCI World Tour 2012. También iba a serlo para AG2R, y para Geox-TMC. Pero, ¿cuál es la valía del iraní, aquello que le convierte en la llave del World Tour?

La respuesta son los puntos del Ránking de Mérito, una clasificación de criterios privados generada por la UCI de la cual los quince primeros equipos consiguen un pasaporte directo al UCI WorldTour. Mehdi Sohrabi (1981, Zanjan - Irán - a veces llamado ‘Mahdi’) tiene muchos puntos para esta clasificación; 78, para ser exactos. Un verdadero capital teniendo en cuenta que entre la duodécima y la decimosexta posición del ránking (la primera sin acceso directo al WorldTour) apenas hay 50. Una ojeada al palmarés de este iraní revela dos temporadas consecutivas (2010, 2011) siendo primero en el UCI Asia Tour y un rosario de victorias, 19 en los últimos dos años, en carreras de nivel ínfimo en las cuales saca provecho de su buena capacidad para la escalada y un talento para el llano que le permiten disputar esprints con cierta solvencia.

Sohrabi consiguió muchos pocos para formar un mucho. Este hecho no pasó inadvertido para aquellos aspirantes a integrar la primera división del ciclismo mundial en 2012 con necesidad de puntos para situarse entre los quince primeros del Ránking de Mérito.

Geox golpeó primero. Tal y como reveló François Legarré en Biciciclismo a principios de octubre, la escuadra capitaneada por Mauro Gianetti llegó a un acuerdo con Sohrabi y Ghader Mizbani, compatriota y coequipier en Tabriz Petrochimical Team, en agosto. Sus contratos significaban medio WorldTour, el empujoncito necesitado por la escuadra para entrar en la máxima categoría del ciclismo, y se evaporaron cuando el problema de los avales dejó a Geox fuera de la primera inscripción de la UCI por la norma que deja sin validez los contratos enviados para la inscripción en la UCI si ésta falla. Se trata de una disposición destinada a dar margen de maniobra a los corredores para evitar que estos se queden en la estacada si su escuadra no tiene solvencia económica o administrativa.

La circunstancia fue aprovechada por AG2R para aproximarse a Sohrabi con una oferta muy generosa. Sucedió durante los Campeonatos del Mundo, tal y como publicó en aquella fecha de nuevo François Legarré. Arturas Kasputis, director deportivo de un equipo francés que se describió como “desesperado por los puntos”, supo por ‘vox populi’ que Geox iba a fallar en la primera inscripción y podía firmar a un Sohrabi que vale su peso en puntos. Puso dinero sobre la mesa y Sohrabi aceptó el trato, pero sin firmarlo por cuanto su contrato con Geox no se había extinguido aún.

Fue entonces cuando Lotto entró en escena. La escuadra de Marc Sergeant, escisión del Omega Pharma - Lotto de Philippe Gilbert, necesitaba puntos para garantizar que su plantilla con André Greipel y Jurgen Van der Broeck iba a estar encuadrado en la categoría reina en 2012. Su principal línea para esto fue Óscar Freire, un corredor valioso en puntos y cuyo nivel deportivo está fuera de toda duda; sin embargo, las negociaciones no avanzaban como era deseable y Sergeant optó por el pájaro en mano. Hizo una propuesta a Sohrabi, se llevó su firma, se llevó sus puntos y se llevó una licencia WorldTour.

Si Mehdi Sohrabi hubiera firmado por AG2R, hubiera sido el conjunto francés el que hubiera entrado (holgadamente) entre los quince primeros del Ránking de Mérito y, con ello, en el World Tour; Lotto hubiera tenido que ir a la Comisión de Licencias y jugarse ahí la primera división frente a otros cuatro equipos. El iraní, con una valía aún por demostrar en Europa, fue el factor esencial para dirimir quién entraba en la máxima categoría. Cabe debatir ahora si es adecuado un sistema en el cual marca la diferencia la presencia de Mehdi Sohrabi, y no la valía de Greipel, Van der Broeck, Roche ó Gadret.

lunes, 24 de octubre de 2011

GreenEdge: velocidad olímpica

24 de Octubre, Arueda.com

Desde el anuncio de su nacimiento a finales del año pasado en la mayor de las incógnitas, la bruma que rodeaba a GreenEdge ha ido disipándose para dejar paso a una claridad un tanto mate.

Las grandes incógnitas y expectativas, alimentadas por una información oficial servida a cuentagotas, han cristalizado en una realidad esperanzante, pero no refulgente. Al contrario que las dos rutilantes súper estructuras nacidas en temporadas anteriores con los cuales era comparado (Sky, Leopard Trek), el nuevo conjunto australiano no ha llevado a cabo incorporaciones de relumbrón, a pesar de lo cual ha conseguido configurar una plantilla sólida con la velocidad como virtud, la montaña como flaqueza y los Juegos Olímpicos como gran objetivo.


La clave propiciatoria de esta última circunstancia es la estrecha relación existente en todos los planos entre GreenEdge y Cycling Australia, la federación australiana de ciclismo. Tal y como explicó en una entrevista concedida a esta página en mayo Neil Stephens, director deportivo y por ello uno de los máximos responsables de la escuadra, ésta surge amparada en todos los aspectos por la federación y prácticamente crece desde su interior. El alma máter del equipo es uno de los hombres fuertes del ente, Shayne Bannan; el mecenas es el mismo empresario que patrocina la mayoría de proyectos de Cycling Australia, Gerry Ryan; el actual coordinador de la federación, Matthew White, ha ejercido de asesor y podría unirse al cuerpo técnico; staff y corredores tendrán a su disposición el European Training Centre de Varese, auspiciado por el Gobierno australiano y con parte de su usufructo atribuido a Cycling Australia... Numerosos lazos de unión que justifican que la escuadra sea puesta en servicio de los intereses federativos.

“Es un compromiso que hemos adquirido y por el cual estamos muy motivados”, explicaba Shayne Bannan, mánager general de la escuadra, en una entrevista en SBS. “Los Juegos Olímpicos significan mucho para el australiano medio y para nosotros sería fantástico contribuir al éxito del país en ellos. Trabajaremos codo con codo con Cycling Australia para asegurarnos de que nuestros corredores no tienen ningún problema para preparar los Juegos”. No es un caso único en el mundo del ciclismo, por cuanto ya existen equipos como Sky cuya fuerte ligazón con los estamentos federativos les suponen asumir que los picos de forma de sus corredores serán aprovechados preferentemente para eventos en los cuales los corredores no lucirán su maillot, aunque curiosamente sí su patrocinador.

Así, la plantilla de GreenEdge viene en gran parte condicionada por esta filosofía de servicio al país. Diecisiete de los treinta corredores de la plantilla son australianos; cinco de ellos (Jack Bobridge, Cameron Meyer, Michael Hepburn, Luke Durbridge y Leigh Howard) fueron medallistas en los pasados Campeonatos del Mundo de Pista de Appeldorn y centrarán su temporada en cuando menos repetir los méritos en el velódromo olímpico. El desarrollo de su inmenso talento en la carretera, donde los cinco tienen proyección para llegar a cotas altísimas, deberá esperar o cuando menos quedará en segundo plano hasta agosto.


Ejercerá de digno líder de la escuadra Matthew Goss, ganador de la pasada Milán-San Remo. El rápido ciclista de Tasmania deberá confirmar lo apuntado en HTC y convertirse en un esprinter de referencia, para lo cual contará con un conjunto de lanzadores y rodadores tan aptos como expertos (Baden Cooke, Stuart O’Grady, Wesley Sulzberger; un significativo bloque proveniente de Garmin, con Julian Dean, Matthew Wilson o Brett Lancaster) al cual se sumarán promesas con mucho que decir como el citado Howard. Tendrá además un calendario ideal toda vez que GreenEdge tiene asegurado un puesto en el World Tour gracias a una acertada política de fichajes que le llevó a incorporar ciclistas como Jens Keukeleire (ex Cofidis) y Aidis Kruopis (ex Landbouwkrediet) cuyos puntos han resultado claves para meter a su escuadra entre los quince primeros del misterioso Ránking de Mérito y, por ende, en la primera división del ciclismo mundial.

Precisamente Keukeleire será una de las grandes bazas de GreenEdge de cara a las clásicas, faceta en la cual el belga contará con el apoyo de un intermitente con receta para triunfar como Sebastian Langeveld (ex Rabobank) y el en ocasiones equívoco Thomas Vaitkus (ex Astaná). El resto de opciones ganadoras del conjunto australiano se sitúan nuevamente en el terreno de la velocidad: dos clásicos como Robbie Mc Ewen (ex RadioShack, se retirará antes del Tour de Francia para integrarse en el staff técnico) y Allan Davis (ex Astaná) se sumarán al citado Aidis Kruopis, gran sensación del calendario belga, y a una joya por descubrir llamada Mitchell Docker (ex Skil-Shimano).

Este panorama deja una evidente flaqueza en el planteamiento deportivo de GreenEdge: carece de corredores de garantías para la montaña, tanto alta como media, y como consecuencia de opciones de destacar en las generales de las rondas por etapas. Apenas Simon Gerrans (ex Sky) y Pieter Weening (ex Rabobank) cuentan con bagaje a este respecto, con sendas victorias en etapas de montaña de Tour de Francia y Giro de Italia pero escasa consistencia a la hora de pelear por una buena clasificación final. Expectativas en torno al eritreo Daniel Teklehaimanot aparte, Bannan explicó en una entrevista con Sidney Morning Herald que “desarrollar un vueltómano australiano de nivel en nuestra escuadra va a requerir dos o tres años” y citó a sus dos favoritos para rellenar este hueco en un futuro: los integrantes de la cuarteta vigente campeona del mundo de persecución por equipos Cameron Meyer y Jack Bobridge.

Ni Roma ni Sidney se construyeron en un día, y tanto Bannan como el resto de los técnicos de GreenEdge han sabido desalentar la excesiva expectación creada en torno a una escuadra cuya financiación (mecenazgo de un magnate) suscita suspicacias por el precedente de Leopard Trek. Los australianos han aprendido del error del Team Sky, cuya pompa a la hora de vender su proyecto provocó que sus resultados iniciales fueran leídos en clave de fracaso. En GreenEdge se habla con un tono más modesto, menos pretencioso, y con el ojo claramente puesto en los esprints y en los Juegos Olímpicos de Londres 2012, epicentros del primer año de una existencia cuya vida se extenderá al menos dos campañas más.

sábado, 15 de octubre de 2011

Zaugg ni empieza ni termina

Dicen que la historia no empieza ni termina, sino que continúa. Que cualquier intento de ponerle coto, principio y final, es vano. También dicen que cualquier conclusión es, en el fondo, el inicio de algo. Todo esto lo ha refrendado hoy el suizo Oliver Zaugg con una preciosa victoria en el Giro de Lombardía, último Monumento de la temporada y colofón de la campaña ciclista de alto nivel, con la cual abrió su palmarés a la par que cerraba la breve pero rutilante historia de Leopard Trek.

Siempre dio la sensación de que Oliver Zaugg (1981, Lachen - Suiza) podía hacer algo más, llegar a brillar en lo más alto. Era un escalador prometedor, y con esa aureola pasó por Saunier Duval y Gerolsteiner, escuadras donde demostró dos tendencias: la primera, realizar actuaciones de mérito sin una réplica posterior, lo cual le granjeaba fama de irregular a pesar de recurrir habitualmente a una táctica de solidez y frialdad; la segunda, ir a más con el transcurso de la temporada y dar sus mejores prestaciones a finales del verano en la Vuelta y las semiclásicas italianas, sus escenarios favoritos junto a las montañas suizas.

Incapaz de generar victorias (su palmarés estaba desierto hasta hoy), pasó dos años en Liquigas como gregario de Nibali, Basso y compañía y este invierno fichó por Leopard Trek, en el cual ha gozado de los galones suficientes para ser líder en las carreras en las cuales no estuvieron presentes los plenipotenciarios hermanos Schleck, con quienes curiosamente sólo ha coincidido en Mallorca. Estaba llamado a liderar a la escuadra luxemburguesa en el Giro de Italia, pero la trágica muerte de Wouter Weylandt cercenó dolorosamente sus aspiraciones.

En el día de hoy Zaugg aprovechó todas las circunstancias y culminó con un acelerón sorprendentemente inapelable para la totalidad de favoritos en la subida postrera de Villa Vegano una carrera por demás espectacular. La fuga lejana, poco numerosa pero compuesta de excelentes ciclistas como Johan Van Summeren o un Mikel Astarloza a quien no pesan sus dos años de inactividad, no tuvo demasiada vida ante el empuje de un ofensivo Luca Paolini, quien descendió a buenísima velocidad la Colma di Sormano llevando a su rueda a grandes candidatos como Fuglsang, Lastras, Nibali o el campeón saliente y mejor ciclista del año Philippe Gilbert.

Curiosamente el belga, si bien fue clave para que el movimiento prosperara, no fue quien mejor lo aprovechó. Se desgastó en exceso en el llano y, llegada la Madonna del Ghisallo, se encontró con Nibali, quien le ganó la partida obligándole a hincar la rodilla. Inició entonces la exhibición de lo Squalo, desatado, repleto de clase y espíritu, deseoso de desquitarse de una temporada más gris de lo esperado. Coronó la cima de la patrona de los ciclistas con más de un minuto y medio de ventaja sobre un pelotón excesivamente dubitativo hasta que Sky tomó el toro por los cuernos y asumió la caza del italiano, quien petó definitivamente a quince de meta y vio su ventaja devastada y la portentosa cabalgada jibarizada.

Llegó una treinta de ciclistas con opciones al pie de la última subida del día, Villa Vegano, y allí Zaugg, entero tras un día entero oculto en el gran grupo, no tuvo dudas ni dificultad. Ni Gilbert, resentido de los esfuerzos de todo el día y todo el año, ni el grupo de cinco perseguidores (por orden de llegada a meta: Dan Martin, ‘Purito’ Rodríguez, Basso, Niemiec, Pozzovivo) que se configuró tras él en el descenso hacia Lecco, pudieron doblegarle. El suizo estrenó su palmarés en el acto conclusivo de 2011, dando un nuevo paso para continuar una carrera deportiva cuya significación promete ser mucho más relevante de hoy en adelante.

lunes, 10 de octubre de 2011

Extremos en busca del espectáculo

Durante buena parte de la pasada década, el espectáculo en las grandes vueltas se convirtió en un parámetro relativo porque el resultado en términos absolutos era desolador. La comparación del desarrollo de las distintas ediciones de Giro, Tour y Vuelta con sus análogas del siglo anterior tendían a arrojar una tendencia triste de abulia entre los corredores y complacencia entre los organizadores. Ambos repetían sus conductas, de conservar a rueda del líder hasta el último suspiro en el caso de los primeros y de acumular puertos recortando contrarreloj, sin buscar fórmulas para la innovación, en el caso de los segundos.

En los últimos años, por fortuna, esta tendencia está cambiando sensiblemente. Los empresarios buscan exprimir al máximo a los artistas y, para ello, se han atrevido a renovar su escenario a través de la acentuación de sus características diferenciales. El Giro perpetuó los finales nerviosos y la dureza desaforada en la última semana; el Tour recurrió al misticismo, aprovechando efemérides para hacer dobles pasos por Tourmalet y Galibier en 2010 y 2011, respectivamente; la Vuelta, en plena construcción de una identidad atractiva, renunció a la roma dureza de los Pirineos e impuso la electricidad de las montañas andaluzas y asturianas y los repechos propios de cada pueblecito.

Hoy se ha dado un paso adelante en esta tendencia con la publicación de los próximos recorridos de Giro y Tour; filtraciones a cargo de Tuttosport en el caso italiano y de la propia web de la carrera en el francés. Esta circunstancia no es baladí, sino reseñable. Anunció la ruta del Giro d’Italia un diario ajeno al grupo RCS (propietario de la Gazzetta dello Sport), lo cual probablemente propicie ciertos errores en su ‘exclusiva’; por otra parte, fue un órgano de ASO quien se equivocó e hizo público el recorrido del Tour, generando con ello expectación en torno a él (tal y como afirma en su Twitter el director del Giro, Michele Acquarone)... y contrarrestando el efecto de la revelación del Giro, en un curioso movimiento de competencia sectorial.

Más allá de detalles, anecdóticos fuera de los despachos, el contenido de ambas filtraciones merece cierto comentario.


El Tour de Francia ha aprendido la lección de 2010: no propician espectáculo los finales en alto ‘per se’, sino las circunstancias precedentes y posteriores a estos. Interesa diseminar los puertos por el toda la ruta para situar oportunidades para la ofensividad de los escaladores por toda ella; interesan etapas cortas pero intensas cuando las piernas de los corredores han acumulado fatiga; interesa poner contrarrelojes antes y después de los principales bloques montañosos para obligar a los ciclistas a aprovecharlos en movimientos audaces y arriesgados.

El resultado es un recorrido variado y equilibrado, con dos contrarrelojes en la 9ª y 19ª etapa de 38 y 52 kilómetros que, sumadas a los seis del prólogo, totalizan 96 kilómetros de esfuerzo individual que hacen crecer las opciones de rodadores con ambición por las grandes vueltas como Bradley Wiggins, Cadel Evans o (quien sabe) Tony Martin a la par que disminuyen las de escaladores puros como Andy Schleck. Para corredores como el luxemburgués habrá también terreno, con tres llegadas en alto (La Planche des Belles Filles -7ª-, La Touissure -11ª-, Peryagudes -17ª-) y otras seis etapas de media o alta montaña, que sumadas con los presumibles finales nerviosos de la primera semana suponen terreno de sobra para compensar la pérdida de las CRI... Siempre que se arriesgue un poco, claro está.


Respecto del Giro d’Italia, la incertidumbre por la proveniencia extraoficial de la ruta hace algo más complicado el análisis. A priori se seguirá un esquema similiar al de cada edición de la ‘corsa rosa’. Primera y segunda semanas estarán abonadas para la velocidad del esprint y los nervios de los repechos finales, con una crono individual, otra por equipos y un final en alto sin dureza previa para poner el picante de cara a la general.

El último tercio de la carrera, por contra, se encontrará plagado de dureza. Dos finales en alto en el penúltimo fin de semana ejercerán de entremés antes de la criba definitiva, llamada a acaecer en las etapas 17ª (4500 metros de desnivel, con pasos por Valparola, Duran, Forcela Staullanza y Giau, con llegada previo descenso a Cortina d’Ampezzo) y 20ª (5900 metros de desnivel, transcurso por Tonale, Aprica, Teglio y Mortirolo y culminación en Stelvio); dos platos fuertes entre los que se insertará un temible final en Alpe di Pampeago y tras los cuales se hará una contrarreloj individual en Milán, el golpe de gracia.

A falta de conocer el recorrido de la Vuelta a España, parece claro que las grandes vueltas apostarán en 2012 por estirar sus respectivas características, ir un poco más lejos o por lo menos continuar en su línea. Optarán para ello por extremos algo distantes entre sí, pero con el fin común de levantar al ciclista (verdadero propiciatorio del espetáculo) del sillín y al espectador del sillón.

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